“Para avanzar hacia escuelas más inclusivas, es fundamental fortalecer el rol del profesorado de apoyo como motor de cambio, en lugar de mantener un modelo de trabajo individual y centrado en el déficit”, explican las autoras.
Hacia un enfoque sistémico y colaborativo
Entre los principales desafíos que enfrentan los equipos docentes para avanzar hacia una inclusión real, el informe señala tres ejes: la falta de formación específica, la escasa cultura de colaboración entre profesionales y la rigidez curricular (especialmente en la Educación Secundaria).
Como ejemplo de buenas prácticas, el trabajo destaca el modelo desarrollo en la provincia canadiense de New Brunswick. Allí, el 60% del tiempo del profesorado de apoyo se destina a fortalecer las competencias inclusivas del resto del claustro, a través de dinámicas de coenseñanza, asesoramiento psicopedagógico y planificación conjunta. Solo el 25% se dedica al apoyo directo a estudiantes, y el 15% restante a tareas de planificación y desarrollo profesional.
Este enfoque sistémico y colaborativo contrasta con el modelo predominante en otros países, donde el rol del docente de apoyo está todavía vinculado a tareas asistenciales o burocráticas. “Reformar este perfil profesional es clave para avanzar hacia escuelas más equitativas y con mayor capacidad para responder a la diversidad”, concluyen las autoras.
Referencia
- Astudillo, L., Simón; C., Fernández Blázquez, M. L. M. (2025). Current Roles of Support Teachers, Analysis of Their Contribution to Inclusive School: A Narrative Review. Disabilities, 5(1), 23. https://doi.org/10.3390/disabilities5010023
Fuente: UAM Gazette