Alfabetización ecológica: respetar los límites del planeta

09 abril 2026
La alfabetización ecológica para la vida constituye un aprendizaje basado en el cuidado, la reciprocidad y el respeto a los ciclos de la naturaleza, en contraposición a la lógica extractivista y mercantil dominante (img.: iStock).

El presente artículo sostiene que la alfabetización ecológica, entendida como la capacidad de comprender los principios que sustentan la vida en la Tierra y de orientar los procesos formativos hacia la sostenibilidad de la vida en todas sus dimensiones, favorece un estilo de vida sostenible que, cuando se integra en el aprendizaje, se convierte en una poderosa herramienta para formar personas críticas, reflexivas y comprometidas con la construcción de una sociedad más justa, ética y ambientalmente responsable.

  • «Llegar a estar “alfabetizado para el futuro” significa poseer la capacidad de utilizar el futuro de manera más eficaz y eficiente, así como de prepararse, recuperarse y reinventarse a medida que se producen los cambios. […] Reconectar colectivamente la educación con las humanidades desde la perspectiva de nuestra humanidad compartida, de un planeta común y de la aspiración colectiva a la justicia constituye una tarea fundamental.» Reimaginar juntos nuestros futuros, Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación, UNESCO (2022, p. 69).

La humanidad vive una época marcada por profundas transformaciones. Algunas de ellas se consideran necesarias; otras se entienden como consecuencias inevitables; unas eran esperadas y otras han surgido de manera inesperada. Sin embargo, todas ellas —ya sean climáticas, tecnológicas, geopolíticas o de otra naturaleza— repercuten, de un modo u otro, en la vida de las personas, de los demás seres vivos, de la naturaleza y, en definitiva, del planeta Tierra.

Durante las últimas décadas, numerosos investigadores e instituciones han desarrollado estudios sobre la sostenibilidad del planeta que ponen de manifiesto la urgencia de modificar el comportamiento humano. Poco a poco se observa una transición desde una racionalidad instrumental y orientada al mercado hacia un enfoque centrado en las relaciones y en las implicaciones ecológicas, respaldado por autores como Leonardo Boff (1999), Edgar Morin (2000, 2005), Fritjof Capra (2014), Yayo Herrero (2016, 2022) y, de manera especialmente explícita, por la encíclica Laudato si’ (Francisco, 2015), que concibe el planeta como la casa común y reafirma la primacía de la vida frente a la lógica económica.

La educación desempeña un papel esencial en este proceso de información, reflexión y comprensión de los nuevos desafíos para la vida en el planeta y del propio planeta. Tiene la capacidad de articular conocimientos y de contribuir al diálogo y a la construcción de puentes (León XIV, 2025) entre distintos saberes, especialmente entre el conocimiento académico, los saberes populares y los conocimientos de los pueblos originarios.

Para ello resulta imprescindible adoptar un enfoque más integrador y complejo, basado en la interconexión entre el ser humano, la naturaleza y la cultura, en el que sujeto, objeto y conocimiento se entrelacen como partes de una misma realidad. Desde esta perspectiva, la educación reconoce la interdependencia y las interacciones dinámicas existentes en los sistemas ambientales y propone un modelo más adecuado para afrontar los desafíos globales y promover un desarrollo sostenible.

Entre las numerosas voces internacionales que han contribuido a este debate, la UNESCO ocupa un lugar de referencia desde su creación, especialmente a través de sus informes. Destaca, en este sentido, Reimaginar juntos nuestros futuros: un nuevo contrato social para la educación (Resumen ejecutivo, 2022), que interpela a «gobiernos, instituciones, organizaciones y ciudadanos de todo el mundo a imaginar un nuevo contrato social para la educación que nos ayude a construir futuros pacíficos, justos y sostenibles para todos».

Este informe entiende la sostenibilidad como la necesidad de desarrollar un enfoque educativo que «debe responder al cambio climático y a la destrucción ambiental, preparando a los estudiantes para adaptarse, mitigar e incluso revertir estos procesos» (UNESCO, 2022, p. 64). Desde una perspectiva curricular, propone inculcar en el alumnado una nueva forma de mirar el mundo que le permita sentirse parte del planeta, responsable de su cuidado y comprometido con las generaciones futuras.

Para ello considera esencial que los estudiantes comprendan que pueden aprender del mundo natural y desarrollen la capacidad de «vivir en armonía, sin tomar de la naturaleza ni más ni menos de lo necesario para garantizar la existencia y el bienestar mutuos» (UNESCO, 2022, p. 65). De este modo, la educación contribuye a la justicia socioambiental y al respeto de los límites del planeta.

En este proceso de comprensión, reflexión y acción, diversas instituciones internacionales —como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la UNESCO, el Centro de Resiliencia de Estocolmo, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y el Club de Roma, institución pionera en el debate sobre los límites planetarios desde 1972— alertan de que la humanidad está operando más allá de los límites ecológicos del planeta, lo que pone de manifiesto la insostenibilidad de modelos basados en el crecimiento ilimitado y en la explotación intensiva de los recursos naturales.

Asimismo, diversos autores, entre ellos Enrique Leff (2001), Edgar Morin (2005), el papa Francisco (2015) y Yayo Herrero (2016), sostienen que la Tierra posee límites biofísicos que condicionan la vida en todas sus dimensiones y confirman la inviabilidad de los modelos fundamentados en un crecimiento económico sin límites.

Entre las alternativas para superar esta situación, estos autores destacan el valor de los conocimientos de los pueblos originarios, especialmente de la Amazonía. Se trata de saberes construidos a partir de una relación histórica de interdependencia con la selva y que expresan, en la práctica, principios que la ciencia contemporánea reconoce hoy como esenciales para respetar los límites planetarios, al organizar el uso de los bienes naturales conforme a lógicas de cuidado, reciprocidad y respeto por los ciclos de la vida.

Estos conocimientos dialogan directamente con la noción de racionalidad ambiental formulada por Leff (2001) y con la crítica ecofeminista de Yayo Herrero, al situar el sostenimiento de la vida en el centro de las decisiones colectivas. Diversas autoras desarrollan esta perspectiva y presentan a los pueblos indígenas amazónicos como referentes:

  • «Hoy en día la región amazónica es el foco de atención de múltiples actores preocupados por los elevados índices de deforestación y pérdida de biodiversidad… En gran medida, han sido los pueblos indígenas quienes han sostenido este ecosistema mediante sus prácticas agroecológicas y de gestión territorial, fundamentadas en el reconocimiento de la interconexión esencial entre las especies…» (Leal et al., 2022, pp. 13-14).

Los conocimientos de los pueblos indígenas amazónicos expresan, en la práctica, aquello que Yayo Herrero (2016) denomina alfabetización ecológica para la vida: un aprendizaje basado en el cuidado, la reciprocidad y el respeto a los ciclos de la naturaleza, en contraposición a la lógica extractivista y mercantil dominante. Estos saberes dialogan con la alfabetización ecológica al mostrar que comprender la Tierra implica reconocer sus límites, valorar la diversidad biocultural y orientar las prácticas humanas hacia el mantenimiento de las condiciones que hacen posible la vida, tanto en el presente como en el futuro.

  • «Recibimos de la naturaleza alimento, agua, cobijo, energía, minerales… Por ello decimos que somos seres ecodependientes: somos naturaleza. Sin embargo, a pesar de la evidente dependencia que las personas tenemos de la Naturaleza, el ser humano en las sociedades occidentales ha levantado una pared simbólica entre él y el resto del mundo vivo, creando un verdadero abismo ontológico entre la vida humana y el planeta en el que esta se desarrolla.» (Herrero, 2016, p. 15).

La alfabetización ecológica se entiende como la capacidad de comprender los principios que sostienen la vida en la Tierra y de orientar los procesos formativos hacia el sostenimiento de la vida en todas sus dimensiones. Al reconocer explícitamente los límites biofísicos del planeta, Herrero (2016) sostiene que toda propuesta educativa comprometida con la sostenibilidad debe partir de tres elementos diferentes, pero estrechamente relacionados, que integran la ecodependencia de la vida humana, la interdependencia entre los sistemas naturales y sociales y el cuidado de la vida.

1. Ecodependencia respecto de la naturaleza. La vida humana depende por completo de los sistemas naturales y de sus ciclos —el agua, el suelo, el clima, la biodiversidad o la energía—. La naturaleza no constituye un recurso inagotable, sino la base material de la vida, cuyos límites biofísicos condicionan tanto la economía como la organización social.

  • «Los seres humanos obtenemos lo que precisamos para estar vivos de la naturaleza: alimento, agua, cobijo, energía, minerales… Por ello decimos que somos seres ecodependientes: somos naturaleza.» (Herrero, 2016, p. 16).

Herrero subraya que ignorar esta ecodependencia conduce a la crisis ecológica, ya que el modelo dominante sobrepasa la capacidad de regeneración de los ecosistemas.

  • «Se decrecerá materialmente por las buenas —es decir, de forma planificada y justa— o por las malas, por la vía de que cada vez menos personas, las que tienen poder económico y/o militar, sigan sosteniendo su estilo de vida a costa de que cada vez más gente no pueda acceder a los mínimos materiales de una existencia digna.» (Herrero, 2026, p. 25). 

2. Interdependencia social entre los seres humanos. Los seres humanos somos radicalmente interdependientes: nadie puede vivir de manera completamente autónoma a lo largo de su existencia. La supervivencia y el bienestar dependen de las relaciones sociales y, especialmente, del trabajo de cuidados —alimentar, educar, atender la salud o proporcionar apoyo emocional—, una labor que históricamente ha permanecido invisibilizada e infravalorada.

  • «La ecodependencia y la interdependencia, rasgos constitutivos de la esencia humana, son ajenas a la subjetividad y a las representaciones mentales con las que comprendemos y actuamos en el mundo.» (Herrero, 2016, p. 30).

Para Herrero, reconocer esta interdependencia resulta imprescindible para replantear la justicia social, la igualdad de género y la sostenibilidad, entendiendo que la existencia humana está profundamente enraizada tanto en la naturaleza como en las relaciones sociales.

  • «Es una característica universal: todos y todas somos dependientes y necesitamos cuidados. Aceptar la interdependencia, condición para la existencia de humanidad, en sociedades no patriarcales supone que la sociedad en su conjunto se tiene que hacer responsable del bienestar y de la reproducción social. Ello obliga a cambiar la noción de trabajo, que deberá ser una actividad humana básica e imprescindible, que cree riqueza real capaz de satisfacer necesidades humanas de forma equitativa y sostenible.» (Herrero, 2016, p. 26).

3. Vulnerabilidad y centralidad del cuidado junto con el reparto de la riqueza. La vida humana es corporal, frágil y vulnerable, y está atravesada por distintas etapas —infancia, enfermedad o vejez—. Reconocer esta realidad desplaza el foco desde la productividad y el crecimiento económico hacia el sostenimiento de la vida, situando el cuidado —de las personas y de la naturaleza— en el centro de la organización social.

  • «Desde una mirada ecofeminista y ecosocial […] el ser humano reconoce su fragilidad y su conexión con la Tierra y con los demás.» (Herrero, 2016, p. 30).

Desde esta perspectiva, la sostenibilidad exige estructuras que garanticen la reproducción de la vida dentro de los límites ecológicos, ya que no somos autosuficientes y dependemos de los sistemas naturales.

  • «La justicia se relaciona directamente con la distribución y el reparto de la riqueza. Rentas mínimas, rentas máximas, una fiscalidad progresiva, poner límites a la propiedad ligada a la acumulación… Cómo desarrollar una buena vida con menos materiales y energía, de forma que este bienestar sea universalizable a todas las personas, constituye el núcleo central de la preocupación ecologista. Romper los vínculos simbólicos que hoy identifican la sociedad de consumo con la calidad de vida es una premisa inaplazable.» (Herrero, 2016, p. 26).

En este contexto, la Amazonía constituye un territorio pedagógico de enorme relevancia, ya que pone de manifiesto tanto la superación de los límites planetarios como la existencia de formas de vida que, históricamente, han aprendido a vivir dentro de dichos límites. Las escuelas indígenas y la universidad indígena representan avances significativos en el desarrollo de políticas públicas, complementados por los diversos programas de formación del profesorado disponibles a través del Ministerio de Educación.

En relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el Informe Brasileño presentado ante las Naciones Unidas en 2024 señala que estos objetivos se encuentran ampliamente difundidos en la sociedad. Para el sistema educativo, la UNESCO propone que:

  • «Los currículos deben enfatizar un aprendizaje ecológico, intercultural e interdisciplinar que apoye a los estudiantes en el acceso y la producción de conocimiento […]. Los currículos deben incorporar una comprensión ecológica de la humanidad que reequilibre la manera en que nos relacionamos con la Tierra como un planeta vivo y como nuestro único hogar.» (UNESCO, 2022, p. xiv).

De este modo, al articular las advertencias científicas sobre los límites del planeta con los conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas amazónicos, la alfabetización ecológica desplaza la educación ambiental desde una perspectiva meramente técnica hacia una formación ética, política y relacional, centrada en la defensa de la vida y de la Casa Común, convirtiéndose así en una auténtica educación transformadora.

Para reforzar esta perspectiva, el informe Fostering and Communicating Sustainable Lifestyles (UNEP, 2017) propone diez principios fundamentales:

  1. Centrar la atención en las personas.
  2. Priorizar los contextos reales.
  3. Trabajar con múltiples necesidades.
  4. Mostrar alternativas viables.
  5. Facilitar cambios graduales.
  6. Crear nuevos modelos y nuevas formas de entender la vida.
  7. Trabajar con las comunidades.
  8. Construir narrativas con sentido.
  9. Favorecer la cocreación y la participación.
  10. Aprender a partir de la experimentación.

En definitiva, la alfabetización ecológica favorece un estilo de vida sostenible que, integrada en los procesos de aprendizaje, constituye una vía especialmente poderosa para formar personas críticas, reflexivas y comprometidas con la construcción de una sociedad más justa, ética y ambientalmente responsable. La investigación realizada señala caminos prometedores para la educación, especialmente cuando esta se propone dialogar con las urgencias de nuestro tiempo y formar ciudadanos capaces de impulsar transformaciones en sus propios contextos de vida, particularmente en el cuidado del planeta.


Cláudia Chesini es pedagoga, especialista en Liderazgo Educativo, Gestión Colegiada y Metodología de la Enseñanza. Es doctoranda en Educación (becaria CAPES) por la Universidad Católica de Brasilia y religiosa de la Congregación de las Hermanas de Santa Catalina. ORCID: 0000-0002-2259-2743.

 

Referencias

  • BOFF, Leonardo. Saber cuidar: ética do humano – compaixão pela Terra. Petrópolis: Vozes, 1999.
  • CAPRA, Fritjof. A teia da vida: uma nova compreensão científica dos sistemas vivos. São Paulo: Cultrix, 2014.
  • FRANCISCO, Papa. Laudato Si’: sobre el cuidado de la casa comúm. Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2015.
  • HERRERO, Yayo. Una mirada para cambiar la película: ecología, ecofeminismo y sostenibilidad. Madrid: Libros en Acción; Barcelona: Dyscolo, 2016.
  • LEAL, Karen Lorena Romero Leal [et al.]. Feminismo y ambiente: un campo emergente en los estudios feministas de América Latina y el Caribe. 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; Nueva York: ONU Mujeres, 2022. Disponible en: https://www.clacso.org/wp-content/uploads/2022/10/Feminismo-ambiente.pdf. Acceso: 22 de enero, 2026.
  • LEÓN, Papa. Carta Apostólica «Diseñar nuevos mapas de esperanza Mapas de Esperança», 2025. Disponible en: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/apost_letters/documents/20251027-disegnare-nuove-mappe.html. Acceso: 09 de enero, 2026.
  • LEFF, Enrique. Saber ambiental: sustentabilidade, racionalidade, complexidade, poder. Petrópolis: Vozes, 2001.
  • MORIN, Edgar. Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa, 2009.
  • United Nations Environment Programme (UNEP). Fostering and Communicating Sustainable Lifestyles: Principles and Emerging Practices. 2017. Disponible en: https://wedocs.unep.org/items/748c8a06-d940-46a0-acf5-a8e4d3d99541. Acceso: 5 de enero, 2026.
  • Comisión internacional sobre los futuros de la educación. Reimaginar juntos nuestros futuros – Un nuevo contrato social para la educación. Madrid: Fundación SM. Disponible en: https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000381560. Acceso: 5 de enero, 2026.