Poscrecimiento: bienestar y transformación ecológica en un contexto de menor desigualdad

Un estudio científico publicado en la revista Nature Climate Change plantea la viabilidad de alcanzar un alto bienestar social y un clima seguro en un contexto de poscrecimiento, que no consiste en producir menos dentro del mismo sistema económico, sino en trasformar la producción y la forma en que se distribuye, para satisfacer de forma más equitativa las necesidades humanas y alcanzar los objetivos ecológicos. La investigación propone una hoja de ruta para asegurar un nivel de vida digno para todas las personas, reorientando la producción y la distribución hacia el bienestar y la transformación ecológica y reduciendo las desigualdades actuales.
Investigadores del ICTA-UAB, de la Universidad de Lausana y del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados, cuestionan la idea muy extendida de que el bienestar social y la estabilización climática dependen de seguir creciendo en términos del PIB, y sostienen que esa premisa deja fuera una parte importante de las soluciones posibles y que, además, no resuelve los problemas de desigualdad y sobreconsumo que bloquean la mitigación climática.
La crítica de fondo al modelo de crecimiento actual es doble:
- Primero, la economía mundial continúa organizada alrededor de la expansión agregada de producción y consumo, lo que empuja al alza la demanda de energía, materiales y territorio, y dificulta el cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París.
- Segundo, gran parte de la bibliografía asume que se puede “desacoplar” el binomio crecimiento-emisiones con suficiente rapidez, pero los autores recuerdan que esa apuesta choca con límites biofísicos, tecnológicos y de escala, y con una fuerte dependencia de tecnologías con emisiones negativas que todavía son inciertas o incluso problemáticas por sus requerimientos de territorio, biomasa y energía.
No es cuánto, sino cómo y para quién
El problema no es solo cuánto crece la economía, sino qué produce, para quién y con qué intensidad material. Los autores defienden que un clima seguro y un alto bienestar no requieren expandir sin fin la producción total, sino reorganizarla para satisfacer necesidades reales y reducir lo social y ecológicamente dañino.
La economía debería orientarse a los servicios de vivienda, salud, alimentación, movilidad básica, cuidados, educación e infraestructuras públicas, en lugar de mantener la lógica de acumulación de capital y consumo en una pequeña élite. La nota de prensa de la UAB lo resume diciendo que la transición poscrecimiento implica “redistribuir y reestructurar la economía para proporcionar lo esencial” y mantener el consumo no imprescindible dentro de límites asumibles por el planeta.
Según dicha nota de prensa, la investigación previa muestra que las necesidades básicas podrían satisfacerse universalmente usando menos de la mitad de la energía y los materiales que hoy consume el mundo. Ese dato significa que hay margen para rediseñar los servicios -vivienda, transporte, alimentación, energía, servicios públicos- de manera mucho más eficiente desde el punto de vista social y material. Es decir, hay suficiente capacidad económica y técnica para asegurar una vida digna para todos, pero no bajo el patrón actual de consumo desigual y sobreprovisión de bienes no esenciales. El propio equipo subraya, además, que el bienestar debe medirse por la satisfacción efectiva de necesidades, no solo por ingresos o PIB.
Poscrecimiento vs. decrecimiento
El decrecimiento se define en el artículo como una reducción planificada del uso de energía y recursos para reequilibrar la economía con el mundo vivo, con el fin de reducir la desigualdad y mejorar el bienestar humano. El poscrecimiento, en cambio, funciona como un paraguas más amplio: es un conjunto de enfoques que quieren dejar de perseguir el crecimiento del PIB como objetivo social prioritario, sobre todo en países de altos ingresos, y que pueden incluir perspectivas como el decrecimiento, la economía estacionaria, la wellbeing economy o la llamada “economía de la rosquilla”. Dicho de otro modo: mientras que el decrecimiento pone el acento en la reducción planificada de la escala material, el poscrecimiento lo pone en salir de la dependencia del crecimiento como brújula central, aunque esa salida pueda adoptar varias formas institucionales y políticas.
Esa distinción es importante porque el artículo no propone una mera reducción del crecimiento, sino una hoja de ruta de transformación bajo cinco principios:
- El primer principio es el bienestar: evaluar el progreso por la satisfacción de necesidades básicas, la seguridad material y la capacidad de vivir bien, no por el tamaño del PIB.
- El segundo es la suficiencia: establecer límites a la demanda excesiva y a la producción menos necesaria.
- El tercero es la reducción de desigualdades: el consumo de lujo y la concentración de riqueza concentran también gran parte de la huella material y de carbono.
- El cuarto es la reorientación de la economía: mover inversión, trabajo e innovación desde sectores intensivos en generación de carbono o socialmente dañinos hacia provisión pública, cuidados, rehabilitación ecológica y servicios de baja huella.
- El quinto es la convergencia Norte–Sur: elevar el acceso material del Sur global hasta niveles de bienestar suficiente, mientras el Norte global reduce sus niveles de uso en lo que no sea necesario.
Necesidad de nuevos modelos de análisis
Los autores insisten en que esa transición no puede modelarse correctamente con las herramientas convencionales. Señalan que muchas simulaciones actuales representan el poscrecimiento como un simple estancamiento o descenso del PIB, pero sin transformar en serio la producción y la distribución; otras tratan la innovación como si dependiera solo del crecimiento agregado, lo que impide evaluar bien los efectos reales de las políticas poscrecimiento. Por eso piden nuevos modelos capaces de integrar, a la vez, demanda, provisión, desigualdad, innovación dirigida y límites ecológicos, así como de capturar las posibles interacciones negativas entre las diversas medidas.
Pero el planteamiento no es sencillo. En el propio artículo se señala que los escenarios poscrecimiento encontrarían más oposición sociocultural y política que los escenarios orientados al crecimiento. Los actores que se benefician del statu quo actual se opondrán a cualquier reforma profunda, y el cambio requerirá deliberación democrática y generará conflicto social.
De la lucha contra el crecimiento a la búsqueda de bienestar social
Los autores no afirman que cualquier reducción de actividad sea buena por sí misma, sino que estabilizar el clima y asegurar un nivel de vida digno para todas las personas exige abandonar la idea de que la condición necesaria del progreso es mantener un PIB creciente. Por tanto, hay que crecer en lo que importa -salud, cuidados, servicios públicos, resiliencia, igualdad- y reducir lo que desborda los límites ecológicos -lujo material, consumo superfluo, producción dañina y dependencia de soluciones tecnológicas especulativas-. Por eso, su propuesta no es un ajuste marginal, sino una reorientación del sistema económico hacia la suficiencia, la justicia distributiva y la convergencia global. En términos prácticos, la hoja de ruta apunta a una economía con menos presión material, más provisión pública, menos desigualdad y mayor capacidad de garantizar el bienestar sin exigir un crecimiento indefinido.
El poscrecimiento, por tanto, no es una renuncia al bienestar, sino una estrategia para hacerlo materialmente posible para todas y todos dentro de un planeta finito.
Referencia
- Slameršak, Aljoša ; Fisch-Romito, Vivien; Hickel, Jason; Kikstra, Jarmo; Hopkins, Joel; Oswald, Yannick; Steinberger, Julia. (2026). Principles for a post-growth scenario of ambitious mitigation and high human well-being. Nature Climate Change. DOI:10.1038/s41558-026-02580-6


