La práctica reflexiva: un camino firme hacia la transformación educativa

09 julio 2024
La práctica reflexiva ayuda a entender cómo se aprende y a explorar las motivaciones y los impactos de nuestras decisiones pedagógicas (img.: iStock).

El informe global de la UNESCO, “Reimaginar Juntos los futuros” recomienda seguir profesionalizando la enseñanza como una labor colaborativa, y sostiene que “la reflexión, la investigación y la creación de conocimientos y nuevas prácticas pedagógicas deberían ser parte integrante de la enseñanza.” En ese marco, este artículo profundiza en la invitación a la práctica reflexiva en los equipos docentes, para cultivar la vocación investigadora y el espíritu crítico y reflexivo ante la propia práctica.

Estamos viviendo momentos de transformaciones vertiginosas en el ámbito educativo, en las que se están cuestionando y repensando modelos, metodologías y creencias que se han mantenido a lo largo del tiempo. La comunidad educativa está a la búsqueda de nuevos caminos que transitar, nuevas evidencias e ideas en las que referenciar y mejorar la educación. Cambia la sociedad y con ella su cultura y las diferentes culturas; también la cultura docente.

Ante esta búsqueda, creemos necesaria una invitación a la reflexión pausada que nos permita mirar más allá de la superficie de nuestras acciones, mirando a la persona, entendiendo cómo se aprende y explorando las motivaciones y los impactos de nuestras decisiones pedagógicas. Una invitación a cultivar la vocación investigadora y el espíritu crítico y reflexivo ante las prácticas docentes.

En palabras de Schön (1998): “Cuando hablamos del profesor nos estamos refiriendo a alguien que se sumerge en el complejo mundo del aula para comprenderla de forma crítica y vital, implicándose afectiva y cognitivamente en los intercambios inciertos, analizando los mensajes y redes de interacción, cuestionando sus propias creencias y planteamientos proponiendo y experimentando alternativas y participando en la reconstrucción permanente de la realidad escolar”.

Siguiendo a Dewey (1989), la reflexión es una manera de ser como docente. La acción reflexiva implica intuición, emoción y pasión: esto no es algo que pueda definirse de manera precisa y limitarse a un conjunto de técnicas y prácticas.

Dewey nos propone la combinación de tres actitudes como elementos necesarios para favorecer la mirada reflexiva:

  • La apertura intelectual, que se refiere al deseo activo de prestar plena atención a las posibilidades alternativas y a reconocer la posibilidad de errores incluso en nuestras más claras creencias. Estar abiertos a examinar de manera constante los fundamentos que subyacen a lo que tomamos como natural y correcto, y preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos en los espacios educativos.
  • La actitud de responsabilidad, que supone una consideración cuidadosa de las consecuencias a las que conduce la acción. Los docentes reflexivos se preguntan por qué hacen lo que hacen transcendiendo las cuestiones de utilidad inmediata (o sea, lo que funciona), para observar de qué manera funciona y para quién. La actitud de responsabilidad tiene que llevar también consigo la reflexión sobre los resultados inesperados de la actividad docente, pues la enseñanza, aun en las mejores condiciones, produce siempre además de resultados previstos y esperables otros imprevistos e inesperados.
  • La sinceridad, que implica que la apertura intelectual y la responsabilidad deben constituir elementos fundamentales del profesorado reflexivo que se responsabiliza de su propio proceso de autoconocimiento y aprendizaje.

La práctica reflexiva es una mirada en la que el punto de partida son las experiencias de cada docente en su contexto y la reflexión sobre su práctica. Se trata de una mirada que parte de la persona y que tiene en cuenta la experiencia personal y profesional para redefinir y redibujar las tareas docentes.

Este modelo invita a crear espacios donde la reflexión en la práctica y sobre la práctica se transforme en un hábito consciente. Ser críticos, introducirse en un proceso de cuestionamiento, de análisis y de experimentación que se integre en la actividad diaria y que ayude a plantear las situaciones prácticas desde varias perspectivas, a caminar por la espiral continua de acción-reflexión-acción que entrelaza la teoría y la práctica observando con atención y a intentar comprender la complejidad de la toma de decisiones en situaciones de incertidumbre e inmediatez.

Es en estos espacios de tranquilidad donde las semillas del aprendizaje profundo y significativo encuentran su tierra fértil. Invitemos a la calma para cultivar la reflexión que transforma tanto a las personas en proceso de aprendizaje y crecimiento en los espacios educativos como a las y los docentes.


Iolanda Nieves de la Vega es profesora de la unidad docente Business Spanish for Communication del MBA de IESE Business School (Universidad de Navarra), docente del Máster de formación permanente en educación de las altas capacidades y miembro de la Cátedra de Neuroeducación UB-EDU1ST.

Referencias

  • Schön, Z.; Guerra, S. (1998). El profesional reflexivo. Publicación académica de la Universidad de la Marina Mercante, 27.
  • Dewey, J. (1989). Cómo pensamos. Cognición y desarrollo humano. Barcelona: Paidós.

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