La alfabetización cinematográfico-musical en España

A pesar del enorme potencial educativo del cine, hay pocos programas estandarizados de alfabetización audiovisual, por lo que el autor, desde su amplia y rica experiencia en la enseñanza de la música, propone un atractivo proyecto de integración de la música cinematográfica en los currículos de las diferentes etapas educativas.
La gran pantalla como pizarra
El potencial educativo del cine ha sido recogido solo tangencialmente en las diversas leyes educativas promulgadas en España a finales del siglo XX y principios del XXI. Lo primero que llama la atención es que normalmente las referencias al cine no suelen ser explícitas, prefiriéndose expresiones más genéricas como «cultura audiovisual». En la LOGSE (Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo, 1990) se recoge el potencial educativo del cine de forma indirecta, delegando su desarrollo curricular en las diversas autonomías que conforman el Estado Español. Doce años después (2002) surge una nueva ley: la LOCE (Ley Orgánica de Calidad de la Educación). En 2006, la LOE (Ley Orgánica de Educación, 2006) añade asignaturas optativas, precisamente bajo el epígrafe de Cultura Audiovisual, por lo que la inclusión del cine continúa dependiendo de desarrollos curriculares concretos. La LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, 2013) tampoco aporta gran cosa concreto al respecto, mientras que la LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación, 2020) recoge algo más explícitamente las posibilidades del cine en el aula.
Desde hace ya algunos años la Academia de Cine de España ha hecho hincapié en lo que denomina «alfabetización cinematográfica» en las aulas, basándose en el hecho incuestionable de que, como afirma Joan Álvarez (2017), exdirector general de esta institución y experto en gestión cultural, «la mayor parte de los relatos, historias y mensajes con los que construimos el sentido de nuestras experiencias navegan por el lenguaje audiovisual». Este autor también hace referencia a un tipo de inteligencia (la «inteligencia visual») que encuentra una forma óptima de enriquecimiento a través de la experiencia cinematográfica y necesita un aprendizaje reglado para alcanzar su pleno desarrollo. Álvarez toma como referencia el programa de alfabetización cinematográfica puesto en marcha en Francia hace varias décadas, cuando fuera ministro de Cultura Jack Lang, iniciativa que se replicó en otros países como Gran Bretaña. Finalmente, el autor admite que en España han abundado las iniciativas para conseguir este objetivo, pero termina lamentándose de que hayan sido frenadas por lo que él llama «tupidas barreras legislativas» y la falta de comunicación entre las distintas administraciones territoriales. A continuación, aboga por una tarea colectiva en la que participen el sistema educativo en su totalidad, junto a los cineastas, algo que solo será posible con un pacto de Estado.
A la espera de que se produzca ese pacto hay que decir que sigue sin existir un programa estandarizado de alfabetización audiovisual, aunque sí una gran variedad de proyectos y talleres que se desarrollan en centros educativos y en otros ámbitos. Se trata de iniciativas heterogéneas en las que participan docentes, profesionales del medio y festivales de cine, que se despliegan siguiendo distintos modelos de actuación y metodologías también muy diversas.
En 2018 la Academia elaboró un Documento Marco titulado Cine y Educación con el objetivo explícito de «instar al Gobierno central y a las Comunidades autónomas a que implanten planes educativos referidos a la enseñanza audiovisual y su desarrollo en cada ámbito autonómico». Dicho documento se refiere, en exclusiva, al cine español, algo comprensible teniendo en cuenta que la Academia defiende los legítimos intereses de la industria audiovisual española en su conjunto, aunque esta orientación suponga un cierto empobrecimiento respecto a un enfoque algo más internacional.
Este documento plantea el aprovechamiento y ampliación de las vías que la legislación educativa vigente ofrece respecto a la enseñanza audiovisual, pidiendo a las autoridades educativas que determinen las «líneas maestras» de actuación para que cada Comunidad Autónoma y cada centro escolar puedan establecer su propia dinámica. También considera esencial la elaboración de un «Libro Blanco sobre la Educación Audiovisual en España», ofreciendo como embrión el propio Documento Marco, en el que se recojan las iniciativas existentes y se establezcan criterios comunes.
El Documento Marco resalta que la aspiración a una alfabetización audiovisual hace necesaria la renovación de las metodologías tradicionales del sistema educativo, haciendo hincapié en una mayor participación del alumnado y una preparación específica del docente, en lo que respecta al lenguaje audiovisual, al manejo de herramientas audiovisuales, así como a los conocimientos legales derivados de la utilización de soportes físicos y digitales (derechos de propiedad intelectual y de comunicación pública de las películas en entornos educativos…) que deberán ser gestionados a través de «licencias educativas».
En su tramo final el documento recoge algunas orientaciones acerca de cómo trabajar el cine en cada asignatura, tanto en la Educación Primaria como en la Secundaria y el Bachillerato; orientaciones extraídas de los currículos de las diferentes comunidades autónomas, así como de las prácticas sobre cine y educación existentes en todo el Estado. A modo de sugerencia, también propone una relación de películas que se consideran adecuadas a los distintos tramos de la educación y, finalmente, un listado de 100 largometrajes de obligada referencia en el cine español.
Varios años después de la publicación de este documento todavía no se ha producido este necesario pacto de Estado no solo en lo que respecta a la educación audiovisual, sino tampoco a la educación en general.
De la nada a la precariedad
A finales de la década de 1960 la música en España todavía no estaba integrada en el currículo de la enseñanza obligatoria y la cultura musical general era muy deficitaria. En este período los estudios de magisterio concedían una muy escasa importancia a esta disciplina en la formación de los futuros maestros de Primaria, por lo que la educación musical en los colegios era prácticamente inexistente. En lo que respecta a la Enseñanza Media, en los Institutos de Bachillerato existía una asignatura de Historia de la música impartida por docentes que, en su gran mayoría, carecían de los conocimientos mínimos necesarios.
Mientras tanto, algunos colegios privados de alto standing comenzaron a impartir enseñanza musical a sus alumnos gradualmente, incorporando tímidamente técnicas y metodologías que, por entonces, se consideraban muy avanzadas, como el método Kodály o el Orff. En estos centros la enseñanza musical se exhibía como un indicador de «distinción» y un símbolo de una educación vanguardista.
Hay que decir que, en 1970, la Ley General de Educación (LGE) había incluido, por primera vez, la educación artística en el currículo, dedicando un área a la expresión musical, la plástica y la dramatización. Esta LGE, conocida popularmente como «Ley Palasí», en honor a su impulsor, el ministro José Luis Villar Palasí, supuso un salto de gigante respecto a la educación franquista y se propuso integrar la música de manera formal en la Educación General Básica (sustituta de la antigua Primaria), pero su desarrollo curricular se vio interrumpido y tardó en consolidarse completamente. La música estaba incluida dentro de un área más amplia llamada Expresión Dinámica, junto a la Educación Física. La ley, ciertamente ambiciosa, proponía contenidos y metodologías innovadoras, buscando el desarrollo integral del alumno, pero la falta de tradición musical en la educación española y otros factores, hicieron que su desarrollo completo se sustanciara veinte años después, con la promulgación de la LOGSE de 1990.
Con la LOGSE la música pasa a ser una materia más en Primaria y Secundaria. Se hace hincapié en la formación del profesorado y, poco a poco, se van incorporando a los centros una pequeña legión de profesores especializados. El currículo de música se plantea de una manera abierta, por lo que cada profesional gozaba de bastante libertad para reinterpretarlo y desarrollarlo de acuerdo con sus criterios. En cuanto a la orientación general, la música se contempla desde la experiencia y muy ligada a otros contenidos (temas transversales) que se consideraron esenciales durante algún tiempo.
Pocos años más tarde comenzó el carrusel de leyes educativas que hemos mencionado anteriormente, impulsadas por los partidos que se iban sucediendo en el poder, tanto de ideología progresista (Partido Socialista) como conservadora (Partido Popular). La música sufrió una serie de vaivenes y enfoques diversos que provocaron inquietud y confusión entre los docentes: la LOCE contempló la música en el aula más como un hecho cultural que como una experiencia artística. La LOE intentó conciliar ambas posturas. Finalmente, la LOMCE y la LOMLOE terminaron asignando a la música un papel cada vez casi testimonial en las aulas, en favor de otras materias consideradas más técnicas y «prácticas». Así que, parodiando a Groucho Marx, podríamos afirmar (en lo que a educación musical se refiere) que, partiendo de la nada, hemos logrado alcanzar altas cotas de precariedad.
Música de cine y educación, un tesoro por descubrir
De los epígrafes anteriores es fácil deducir que el sistema educativo español tiene un problema que no acierta a resolver, en lo que se refiere a la alfabetización cinematográfica y musical. La falta de tradición, los vaivenes ideológicos, los consiguientes inconvenientes legislativos y una indefinición acerca de cuáles son los contenidos a desarrollar en una época de absoluto cambio de paradigma, nos llevan a pensar que, tanto el cine como la música, tendrán que esperar antes de que se encuentren fórmulas para ser integrados en los currículos de las diferentes etapas educativas.
En lo que respecta a la música cinematográfica, se trata de un capítulo todavía más restringido y, por tanto, su estudio sistemático en el aula está relativamente poco explorado. Hasta el momento su desarrollo depende, casi en exclusiva, de iniciativas aisladas repartidas por todo el país. Varias de estas iniciativas son, en realidad, proyectos impulsados por voluntariosos profesionales, dirigidos a Primaria, Secundaria y Bachillerato. También son frecuentes las tesis o trabajos fin de grado, centrados en diversos aspectos: la necesidad de incluir la música cinematográfica en el currículo, el análisis de cómo se presenta la música de cine en los libros de texto, la música desde una perspectiva narrativa, etc.
Una propuesta para llevar la música cinematográfica al aula
Ante la escasez de programas estandarizados de alfabetización audiovisual, a la que me refería antes, se propone aquí un proyecto para integrar la música cinematográfica en los currículos de las diferentes etapas educativas.
El programa se estructura en torno a tres bloques, que desarrollamos en diferentes artículos dentro de EDUFORICS:
- El primer bloque puede servir como punto de partida y está centrado en el cine como generador de relatos y encuentro de artes. Se sostiene que la música cinematográfica (lo que vulgarmente llamamos bandas sonoras) es un componente esencial del llamado «séptimo arte» y su aportación va mucho más allá de «colorear» escenas o contribuir a que las películas sean más «bonitas». El bloque termina con unas pinceladas para poner en valor la dimensión transversal de la música y la necesidad de que el cine y su música tengan un lugar en el currículo. Se desarrolla en estos dos artículos de EDUFORICS:
- En el segundo bloque se plantea la conveniencia de una metodología adecuada para estudiar las bandas sonoras, lo que incluye la necesidad de interrelacionar los valores musicales y su interdependencia con los otros ingredientes de la película: imagen, diálogos, ritmo, estructura, coherencia narrativa… Se desarrolla en este artículo de EDUFORICS:
- Finalmente, invitaremos a explorar, de manera práctica, alguna de las posibilidades de la música cinematográfica en relación al aprendizaje de la música en el contexto de la enseñanza general. Adicionalmente, se propone una unidad didáctica dedicada a la música cinematográfica y otra, con un carácter más experimental, centrada en una película que se toma como punto de partida para desarrollar una serie de contenidos que forman parte del temario musical de Secundaria:
Lamberto del Álamo es licenciado en Musicología por la Universidad Complutense de Madrid y profesor de música. Es saxofonista y clarinetista, y autor de materiales didácticos curriculares. Actualmente su trabajo se centra en el estudio y divulgación de la música cinematográfica.
Referencias
- Joan Álvarez (2017). Un nuevo impulso para la alfabetización cinematográfica. Cultivar la inteligencia, desarrollar el orgullo. Academia: Revista del Cine Español, ISSN 2174-0097, Nº. 225. Disponible en este enlace.
- Fernando Lara; Mercedes Ruiz; Marta Tarín (2019). Cine y educación. Madrid: Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Disponible en este enlace.


