Leer más, leer mejor: el insustituible papel de la escuela

23 abril 2026
El marco normativo de la LOMLOE subraya que los centros deben contar con planes de lectura y con bibliotecas escolares entendidas como espacios de lectura, información y aprendizaje (img.: iStock).

El 23 de abril se conmemora el Día Internacional del Libro, que fue establecido por la Conferencia General de la UNESCO el 15 de noviembre de 1995, en conmemoración de la muerte, en 1616, de tres grandes figuras de la literatura universal: Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. El objetivo de esta celebración era el fomento de la lectura, el apoyo a la industria editorial y la protección de los derechos de autor. 

La situación del libro en España es algo paradójica. Por un lado, la lectura crece significativamente como actividad de ocio. Según el barómetro de hábitos de lectura y compra de libros un 65,5% de la población lee libros en su tiempo libre, un aumento de 10,5 puntos en quince años; además, la facturación del sector y el número de ejemplares vendidos no han parado de crecer en los últimos años. Pero, por otro lado, el mercado editorial produce una cantidad de títulos tan elevada que muchos no encuentran lector. En el congreso de librerías organizado por CEGAL y celebrado en Valencia el pasado mes de febrero se conoció que la mitad de los títulos disponibles en librerías (el 49,4%) no vendía ni un solo ejemplar al año, y que solo el 4,5% superaba los 100 ejemplares vendidos. Aunque las cifras se refieran a libros disponibles en librerías físicas, y no a los libros publicados, sugieren una distribución de ventas muy concentrada: pocos títulos con mucha venta y una gran zona de invisibilidad para el resto. Es decir, unos pocos superventas concentran la atención de los lectores y el resto del catálogo queda invisibilizado.

Parece existir una desproporción entre oferta y demanda. En 2024 se editaron 87 542 títulos nuevos y el catálogo vivo llegó a 949 066 títulos, pero esto no significa que haya un exceso de libros, sino que puede haber cierta saturación de novedades en relación con la capacidad real de prescripción, descubrimiento y compra. De hecho, CEGAL advierte de que la concentración en best-sellers puede suponer un riesgo para la bibliodiversidad y denota una cierta uniformización en los gustos lectores.

Una tecnología de mejora cognitiva

Aunque la lectura sea un excelente recurso para el ocio, no es una práctica cultural cualquiera, sino una verdadera tecnología cognitiva, especialmente a través de los textos largos. Además, la evidencia acumulada señala ventajas para el soporte en papel, especialmente cuando el objetivo es entender, retener y relacionar ideas. Por citar alguna referencia, un metaanálisis de Delgado et al. (2018) concluyó que la lectura en papel generaba mejores resultados de comprensión que la digital y que el género textual y el tiempo de lectura modulaban el efecto. La revisión y metaanálisis de Clinton (2019), también encontró ventajas del papel frente a la pantalla, con un efecto especialmente visible en textos expositivos. Y el metaanálisis de Furenes et al. (2021), encontró ventajas al papel en tareas de lectura profunda, aunque en textos infantiles y determinados contextos, la diferencia se reduce o desaparece.

Investigaciones más recientes refuerzan esa idea de que el medio importa según el tipo de tarea. El metaanálisis de Li y Yan (2024) no halló diferencias significativas en la comprensión global entre papel y digital, pero sí encontró que variables moderadoras como las características del texto y las condiciones de lectura cambian el resultado. En la misma línea, una síntesis posterior sobre efectos de modo resumió que, cuando el texto es más largo, la comprensión mejora en papel frente a pantalla, especialmente cuando hay que desplazarse y gestionar información lineal extensa.

La clave, por tanto, es identificar qué formato ayuda mejor a qué tipo de lectura. Para textos largos, densos o argumentativos, el papel sigue teniendo una clara ventaja, especialmente frente a textos que requieren largos desplazamientos en scroll por la pantalla.

Una baja competencia en comprensión lectora afecta negativamente al rendimiento y suele traducirse en abandonos tempranos, sin titulación. Es una de las conclusiones del análisis Nivel educativo, habilidades y empleo: análisis del último informe de Indicadores Educativos de la OCDE y evidencia complementaria para España, realizado por Ismael Sanz y publicado este mismo mes de abril por el área de educación de Funcas, que señala que España es uno de los países donde el bajo rendimiento lector a los 15 años se traduce más directamente en abandono de los estudios sin titulación, lo que sugiere que los mecanismos de retención y las vías alternativas (formación profesional, programas de segunda oportunidad) aún no funcionan con la eficacia necesaria. El estudio revela que aunque el nivel educativo haya aumentado en los países desarrollados (el 48% de los jóvenes de 25-34 años tiene educación terciaria, frente al 41% en 2015), el 23% de los jóvenes con secundaria superior carece de competencias básicas en lectura según PIAAC 2023, y destaca que la correlación entre bajo rendimiento lector a los 15 años (PISA 2009) y abandono sin titulación 15 años después (2024) es elevada.

El resultado más llamativo se da en lectura, donde los datos muestran que la competencias lectoras del alumnado español se deterioran ligeramente durante la Secundaria lectura. Este resultado, combinado con la evidencia de que España es uno de los países donde el bajo rendimiento a los 15 años se traduce más en abandono sin titulación, sugiere que la ESO es la etapa donde deben concentrarse los esfuerzos de mejora, especialmente en comprensión lectora.

El papel de la escuela

En términos pedagógicos, el desarrollo de competencias de lectura en un mundo digital plantea una tarea doble a la escuela. Primero, compensar la fragmentación de los hábitos contemporáneos a través de la lectura sostenida de textos largos, que es precisamente la modalidad para la que la evidencia comparada sigue encontrando mejores resultados en el desarrollo de la competencia lectora y, segundo, ampliar el repertorio lector del alumnado, mediante la introducción de variedad de géneros, autores, épocas y registros, y no solo novedades o títulos de gran circulación.

Una política que orienta bien esta tarea es la combinación de lectura diaria, planificación de centro y acompañamiento docente. En España, la LOMLOE establece que en la etapa de primaria debe dedicarse un tiempo diario a la lectura y que la comprensión lectora debe trabajarse de forma transversal en todas las áreas; además, el proyecto educativo de centro debe recoger un plan de lectura. El Ministerio publicó en 2024 dos guías para elaborar planes de fomento de la lectura en Primaria y Secundaria, que insisten en el papel central del centro educativo, en la selección de textos según los intereses del alumnado y en la necesidad de integrar lectura y escritura en todas las áreas. Esta medida pretende asegurar un tiempo escolar para la lectura sostenida, sistemática y acompañada, que es la más adecuada para la comprensión profunda.

No se trata, por tanto, de obligar a leer en las escuelas, sino de generar las condiciones materiales y culturales para que la lectura exista como hábito estable. Eso significa asegurar tiempo diario para leer, formar lectores capaces de comprender textos largos, enseñar a buscar, seleccionar y discutir lo que leen, y convertir la biblioteca escolar en un centro de aprendizaje y no en un simple almacén de libros. En este sentido, el Ministerio subraya que los centros deben contar con planes de lectura y con bibliotecas escolares entendidas como espacios de lectura, información y aprendizaje.

En el Día del Libro los centros suelen embarcarse en multitud de actividades, como preparar pósteres en torno a los libros o elaborar bonitos marcapáginas, pero si la escuela quiere formar lectores sólidos, tendrá que ofrecer espacios y tiempos para la lectura larga y lenta, que son básicos para la comprensión y el desarrollo del gusto lector, y los criterios de la ley pueden ayudar a definirlos.