Día mundial de la Madre Tierra: la educación puede ayudar a la humanidad a instaurar la paz con el planeta

22 abril 2026
Fotografía nocturna de la Tierra tomada el 2 de abril de 2026 por un miembro de la tripulación de Artemis II desde la nave Orión, que muestra el tenue resplandor de la atmósfera mientras la Tierra eclipsa al Sol y dos auroras (una en la posición de la una del reloj y otra en la posición de las siete) / Créditos: NASA.

El Día Internacional de la Madre Tierra (22 de abril) fue instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2009. En la resolución 63/278 que aprobó la fecha, reconoció "que la Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar, y que, para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza y la Tierra". La expresión Madre Tierra “demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos”.

La Fundación SM concibe el cuidado como un desafío educativo. En 2020, al publicar Es nuestro momento, ya dedicamos un capítulo a «El aviso de la Madre Tierra», en el que una de las primeras, y quizás una de las más importantes, advertencias es: la capacidad de atención para percibir señales (¿estamos preparados para escuchar y ver los mensajes que emite la naturaleza?). Hoy, añadiríamos una pregunta previa: ¿queremos escuchar y ver estos mensajes?

La Madre Tierra nos habla, y no necesita elegir cuidadosamente sus palabras para decirnos una gran verdad: «La naturaleza no necesita a las personas, las personas necesitan a la naturaleza». ¿Qué nos dice esta frase? ¿Qué reflexiones nos suscita? ¿Estamos dispuestos a implementar los cambios que estas reflexiones exigen?

En la búsqueda de posibles respuestas, empecemos por recurrir a las reflexiones de la activista indígena por los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza, Ailton Krenak. «Debemos tener la valentía de escuchar a la tierra», afirma.

  • Durante mucho tiempo, nos dejamos engañar creyendo que somos la humanidad. Mientras tanto, mientras el peligro aún no ha llegado, nos hemos alejado de este organismo del que formamos parte, la Tierra, y hemos llegado a pensar que una cosa es la Tierra y otra la humanidad. No veo nada que no sea Naturaleza. Todo es Naturaleza. El cosmos es Naturaleza. Todo lo que puedo imaginar es Naturaleza (Krenak, 2019, p. 16).

Krenak, el primer indígena elegido miembro de la Academia Brasileña de Letras en 2023, expresa una pregunta central para escuchar a la Tierra: «Si la humanidad se encuentra actualmente en una posición indeseable, considerando la naturaleza como un recurso y habiendo perdido su conexión con la Madre Tierra, ¿cuáles eran los comportamientos de los seres humanos que, de hecho, tenían esta relación íntima con el espacio que los rodeaba?«

En su libro Futuro Ancestral describió el camino para recuperar la atención y escuchar a la Tierra:

  • Los ríos, esos seres que siempre han habitado los mundos en diferentes formas, me sugieren que si hay un futuro que considerar, ese futuro es ancestral, porque ya estaba aquí (Krenak, 2022, p. 11).

El planeta Tierra es nuestra casa común [1], donde todo está interconectado, al igual que en nuestros cuerpos. En las relaciones que establecemos dentro de nuestra casa personal (cuerpo) y con nuestra casa común (planeta), conectamos nuestros valores trascendentes. Esta comprensión sustenta la noción de ecología integral, comunicada por el Papa Francisco (2015) en su encíclica Laudato Si’, que aborda el cuidado de nuestra casa común. Por esta razón, el valor central de la ecología integral es el cuidado, una actitud fundamental para una vida sana en armonía con las personas, los seres vivos y el planeta en general.

La ecología integral evoca la conciencia y la responsabilidad de cada persona que habita el planeta: la conciencia de sus posibilidades y responsabilidades para el cuidado personal y colectivo, porque la casa nos pertenece a todos. Esta motivación fortalece el compromiso con una educación integral basada en los principios del humanismo solidario (diálogo, esperanza, inclusión y cooperación), los valores de la ciudadanía global (respeto, pertenencia y responsabilidad) y las competencias socioemocionales (armonía entre sentir, pensar y actuar).

La siguiente figura resume tres dimensiones básicas que abarcan los retos educativo-ecológicos necesarios para el desarrollo de una ciudadanía ecológica basada en el paradigma del cuidado.

Analicemos brevemente cada uno de ellos:

Cohabitar

Expresa un sentido de pertenencia. Cultiva en nosotros la percepción de que estamos incluidos en la casa común y que formamos parte de ella. En este valor, destacamos dos aspectos:

  • Nos motiva a buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales.
  • Nos motiva a cuidar los espacios comunes y a fortalecer nuestro sentido de pertenencia, el sentimiento de arraigo, la sensación de «estar en casa», es decir, el cuidado de espacios que unen, conectan y fomentan el reconocimiento del otro.

Coexistir

Expresa un sentido relacional. Nos recuerda que somos seres relacionales y que, en la vida cotidiana, dependemos de estas relaciones y del apoyo mutuo para nuestra propia existencia. En este valor, destacamos dos aspectos:

  • Nos motiva a la introspección, a percibir, sentir y actuar con la convicción de que necesitamos vínculos de pertenencia y convivencia, esenciales para una buena calidad de vida.
  • Nos motiva a valorar el patrimonio histórico, artístico y cultural, considerándolos bienes comunes, con especial atención a las culturas locales y a los pueblos indígenas, respetando sus conocimientos y formas de vida.

Ser solidario

Expresa el significado de la amistad social y el bien común. Guiada por los valores de la libertad, la justicia y una cultura de paz, nos impulsa a reconocer al otro, especialmente a quienes permanecen excluidos y anónimos. Dentro de este valor, destacamos dos aspectos:

  • Nos motiva a tener actitudes acogedoras, necesarias para crear entornos dignos; es decir, promueve el reconocimiento de la dignidad y el llamado a la solidaridad.
  • Nos motiva a ser responsables y justos con las futuras generaciones, demostrando preocupación por la orientación, el significado y los valores que rigen nuestros proyectos de vida personales y comunes, así como nuestra comprensión del desarrollo sostenible.

Estos tres valores (cohabitar, coexistir y ser solidario) expresan un compromiso educativo para la vida, desde una perspectiva de diálogo intercultural, respeto por nuestra casa común y todos los seres vivos. Las motivaciones que señalan priorizan el desarrollo de actitudes comprometidas con la ecología integral y la ciudadanía global.

Así, la ecología integral se alinea con las prerrogativas de aprendizaje establecidas en el informe de la UNESCO (2022), que nos desafió a reimaginar juntos nuestros futuros mediante iniciativas que incluyen la ética del cuidado, la reciprocidad y la solidaridad. En este sentido, los currículos deben propiciar la comprensión de que estamos interconectados, que convivimos y que influimos y somos influenciados, considerando los afectos como guías para la construcción del conocimiento, que nos impulsan a acercarnos, a pensar y a transformar.

El informe nos pregunta: ¿Cómo podemos convivir bien en un planeta cada vez más estresado? y nos reta a construir ecosistemas educativos saludables que conecten espacios de aprendizaje naturales, construidos y virtuales. Estos ecosistemas reconocen la biosfera como un espacio de aprendizaje vital del que podemos aprender.

  • Los planes de estudio deben permitirnos reconectar con un planeta vivo y dañado, y desaprender la arrogancia humana que ha provocado la pérdida masiva de biodiversidad, la destrucción de ecosistemas enteros y el cambio climático irreversible. Podemos considerar «un retorno a la vida silvestre» de los planes de estudio mediante el desarrollo de una profunda conectividad con el mundo natural y la adopción de la biósfera como un espacio educativo  (UNESCO, p. 69).

Para lograr este objetivo, necesitamos reimaginar nuestros planes de estudio:

  • Podemos reimaginar planes de estudio que incluyan conversaciones intergeneracionales en torno a prácticas de saber relevantes para la convivencia con el planeta (UNESCO, p. 69).
  • Las perspectivas feministas se oponen a las premisas contradictorias que subyacen en gran parte de la relación abusiva y explotadora de la humanidad con la naturaleza. (UNESCO, p. 69).
  • Los conocimientos y enseñanzas indígenas basados en la tierra y el agua, así como muchas cosmologías africanas y asiáticas, plantean relaciones en las que los no humanos son entendidos no solo como seres con sus propios derechos, sino como educadores y maestros con los que los humanos pueden aprender (UNESCO, p. 117).

De este modo, la ecología integral demuestra ser una dimensión educativa para, como dice la filósofa Vinciane Despret, crear mundos más habitables.

  • […] hay sin ninguna duda gran cantidad de modos de ser del habitar, que multiplican los mundos. […] Estoy convencida […] que multiplicar los mundos puede volver más habitable el nuestro. Crear mundos más habitables sería entonces buscar cómo honrar las maneras de habitar, inventariar lo que los territorios implican y crean como maneras de ser, como maneras de hacer. Esto es lo que le pido a los investigadores. Digo habitar, pero debería decir cohabitar, pues no hay ninguna manera de habitar que no sea a principio y ante todo «cohabitar» (Despret, 2022, pp. 35-36).

En este camino, no olvidemos lo que Danowski y Castro advirtieron en su ensayo ¿Hay un mundo por venir?: «Hablar del fin del mundo es hablar de la necesidad de imaginar, más que un mundo nuevo que reemplace a nuestro mundo actual, un pueblo nuevo; el pueblo que nos falta. Un pueblo que crea en el mundo que debe crear con lo que les hemos dejado del mundo» (Danowski y Castro, 2014, p. 159).

Paulo Freire nos reconoció como biófilos y afirmó que la ecología debe estar presente en cualquier práctica educativa de carácter social, crítico y liberador, y debe guiar nuestra lucha por el «respeto a la vida de los seres humanos, a la vida de los demás animales, a la vida de las aves, a la vida de los ríos y los bosques» (Freire, 2000, p. 67).

En 2023, en la carta Laudate Deum sobre la crisis climática, el papa Francisco reiteró el mismo énfasis en la necesidad de comunión y responsabilidad hacia la Madre Tierra que hemos escuchado durante décadas, pero que todavía nos resulta muy difícil poner en práctica.

  • […] hoy nos vemos obligados a reconocer que sólo es posible sostener un «antropocentrismo situado». Es decir, reconocer que la vida humana es incomprensible e insostenible sin las demás criaturas (Francisco, 2023, n. 67).

Este 22 de abril, renovemos nuestro compromiso de cuidar nuestra Casa común, no según la lógica humana, sino según la lógica de la naturaleza. Prestemos atención, desaprendamos, percibámonos como seres cosmológicos y orgánicos, y comencemos de nuevo.


Humberto Herrera Contreras es Coordinador de la Fundación SM en Brasil.

 

Nota

  1. El concepto casa común y otros relacionados con la encíclica Laudato Si`y el Pacto educativo global se describen en la siguiente obra bilingüe: Dicionário do pacto educativo global = Diccionario del pacto educativo global. Organizadores: Humberto Silvano Herrera Contreras, Ir. Jorge Luiz de Paula, SJ, Ir. Cláudia Chesini, ACSC. Curitiba: ANEC, 2021. Disponible en este enlace.

Referencias

  • Aranguren, L. (2020). Es nuestro momento. El paradigma del cuidado como desafío educativo. Madrid: Fundación SM.
  • Krenak, A. (2019). Ideias para adiar o fim do mundo. 1 ed. São Paulo: Companhia das Letras.
  • Krenak, A. (2022). Futuro ancestral. 1 ed. São Paulo: Companhia das Letras, 2022.
  • Francisco, papa (2015). Laudato Si’: sobre el cuidado de la casa común. Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. Disponible en este enlace.
  • UNESCO – Comisión internacional sobre los Futuros de la Educación (2022). Reimaginar juntos nuestros futuros: un nuevo contrato social para la educación. Madrid: Fundación SM. Disponible en este enlace.
  • Despret, V. (2022). Habitar como un pájaro: modos de hacer y de pensar los territorios. 1 ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Cactus, 2022.
  • Danowski, D.; Castro, E. (2014). Ha mundo por vir? Ensaio sobre os medos e os fins. Florianópolis: Cultura e Barbárie: Instituto Socioambiental.
  • Freire, P. (2000). Pedagogia da Indignação: cartas pedagógicas e outros escritos. São Paulo: Editora UNESCO.
  • Francisco, papa (2023). Laudate Deum. Disponible en este enlace.