El futuro de la ciencia se escribe en femenino

11 febrero 2026
La falta de referentes femeninos en los ámbitos STEM influye en las vocaciones científicas, en la percepción social del talento y en la autopercepción de las propias investigadoras (img.: iStock).

El Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia de 2026 se centra en reforzar la idea de que la ciencia debe ser inclusiva para ser excelente, para lo que promueve iniciativas destinadas a visibilizar referentes femeninos y a combatir estereotipos persistentes sobre el papel de las mujeres en la investigación científica. En este artículo explicamos el origen y el sentido de la jornada, revisamos brevemente la situación actual de la igualdad en la ciencia y recordamos algunas injusticias históricas, porque reparar la invisibilización de la mujer contribuye a mejorar la ciencia del futuro.

El tema central del Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia 2026, que se celebra el 11 de febrero, es «aprovechar las sinergias entre la inteligencia artificial, las ciencias sociales, las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y el sistema financiero para construir un futuro inclusivo para las mujeres y las niñas». Lo que básicamente se busca es la integración de esos cuatro grandes pilares (la IA, las ciencias sociales, las STEM y la economía) para acelerar un desarrollo inclusivo y sostenible:

  • Cuando se habla de IA no se piensa solo en la polémica IA Generativa, que imita con verosimilitud y solvencia el lenguaje humano, sino en el conjunto de herramientas tecnológicas basadas en redes neuronales y utilizadas en el análisis de grandes conjuntos de datos, imprescindibles para el estudio de sistemas muy complejos, como el desarrollo de diagnósticos para la salud o de modelos climáticos.
  • El progreso en las ciencias sociales debe servir de base para el diseño de políticas equitativas y de participación de la comunidad, con el fin de garantizar que las innovaciones en los ámbitos STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) lleguen a todas las personas, al mismo tiempo que se fomenta la igualdad de género en los equipos de investigación de estos ámbitos. 
  • Por su parte, los mecanismos financieros deberían liberar capital para ampliar las innovaciones lideradas por mujeres y para financiar de forma sostenible la educación, la investigación y el desarrollo (I+D).

La combinación de estos cuatro ámbitos, según Naciones Unidas, podría «eliminar las barreras existentes, reducir la brecha de género en las competencias digitales, impulsar las empresas emergentes dirigidas por mujeres, promover una gobernanza de la IA que tenga en cuenta las cuestiones de género y movilizar fondos que incluyan la inclusión social como indicador de rendimiento».

¿Por qué se dedica un día a la mujer y la niña en la ciencia?

El Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia, celebrado cada 11 de febrero, constituye una conmemoración relativamente reciente, pero de profundo significado histórico y social. En diciembre de 2013, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución en la que se reconocía que «el acceso y la participación plenos y en condiciones de igualdad en la ciencia, la tecnología y la innovación para las mujeres y las niñas de todas las edades eran imprescindibles para lograr la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer y la niña». En diciembre de 2015, la Asamblea declaró el 11 de febrero Día internacional de las mujeres y las niñas en la ciencia, para apoyar a las mujeres científicas, reconocer su papel clave en la comunidad científica y tecnológica y promover el acceso de las mujeres y las niñas a la educación, la capacitación y la investigación en los ámbitos STEM.

Las motivaciones para esta importante resolución no solo responden a criterios de justicia y equidad de género, sino también de oportunidad para avanzar en todos los objetivos y metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. La conmemoración busca reconocer el legado de las científicas del pasado, visibilizar a las investigadoras contemporáneas y fomentar vocaciones científicas entre niñas y jóvenes. Como manifestaba el Secretario General de la ONU, António Guterres, «debemos asegurarnos de que todas las niñas puedan imaginar un futuro en los campos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y que todas las mujeres puedan prosperar en su carrera científica».

Las mujeres en la ciencia

La Ciencia es una obra colectiva, seguramente la empresa colectiva más importante de la humanidad, y necesita de un talento femenino reconocido y empoderado para avanzar. Por ello es necesario hacer visibles las aportaciones de la mujer a lo largo de la historia, apoyar el trabajo de las científicas y animar a las niñas a un irse a esta gran empresa común.

Según datos de la UNESCO, a escala mundial, el 46% de las chicas se matricula en cursos superiores en los cinco años siguientes a la finalización de la enseñanza secundaria, frente al 40 % de los chicos, pero las mujeres solo representan el 35 % de los titulados en ciencias. Además, en 2022 solo el 31,1 % de los investigadores eran mujeres, y las cifras caen estrepitosamente cuando se analizan los campos de investigación de vanguardia, como la IA, con un 22% de mujeres o el sector de la cuántica, con solo un 2% de mujeres como solicitantes de empleo. Cerrar estas brechas de género no es solo una cuestión de justicia, sino una necesidad para mejorar la calidad y el impacto de la ciencia, la tecnología y la innovación.

El informe Científicas en cifras 2025, elaborado por la Unidad de mujeres y ciencia del Ministerio de ciencia, innovación y universidades, ofrece una radiografía actualizada de la situación española. El documento confirma avances significativos en las últimas décadas, especialmente en el acceso a estudios universitarios y a etapas iniciales de la carrera investigadora, pero también evidencia la persistencia de desigualdades estructurales.

En concreto, el informe cita el llamado fenómeno de la “tubería que pierde talento (leaky pipeline), para explicar la disminución progresiva de la presencia femenina a medida que se asciende en la jerarquía académica y científica. Las mujeres continúan estando infrarrepresentadas en cátedras universitarias, direcciones de centros de investigación, liderazgo de proyectos y posiciones de mayor poder decisorio.

No se trata de un patrón exclusivo de España; los estudios internacionales muestran que, aunque aumente el número de mujeres investigadoras, estas siguen estando menos representadas en posiciones de alto impacto científico y liderazgo académico. Por tanto, las desigualdades actuales no se deben solo a una cuestión de acceso, sino también de reconocimiento institucional, permanencia y visibilidad científica, un desafío que exige medidas integradas en evaluación, conciliación, financiación y cultura institucional.

Una injusticia histórica: la invisibilización de las mujeres en la ciencia

Numerosos estudios historiográficos han demostrado que la exclusión femenina no se debió solo a la ausencia de oportunidades educativas, que afectaban a todos los campos del saber, sino también a procesos activos de invisibilización. En muchos casos, las aportaciones científicas de mujeres fueron minimizadas, omitidas o directamente atribuidas a sus colegas o supervisores varones y, en algunos casos, a sus maridos o hermanos.

La historiografía científica ha acuñado “el efecto Matilda” para nombrar la tendencia sistemática a atribuir logros científicos de mujeres a colegas varones o a tratarlas como simples asistentes. Estas apropiaciones injustas no fueron solo errores de atribución, sino que muchas se apoyaron en reglas institucionales (quién podía firmar, quién podía publicar, quién era miembro de academias) y en prejuicios culturales sobre la autoría y la autoridad científica. La ciencia se construye en redes colaborativas, y cuando el sistema de reconocimiento premia solo a las figuras más visibles, el sesgo de género distorsiona tanto el reparto de créditos como la memoria colectiva.

El Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia invita a revisar críticamente la historia de la ciencia. En este sentido, los numerosos estudios sobre mujer y ciencia han comenzado a corregir parcialmente esta invisibilización, rescatando del olvido casos tan paradigmáticos como el de Jocelyn Bell Burnell, quien descubrió e identificó los primeros púlsares en 1967, pero vio cómo el Nobel de Física fue entregado en 1974, por ese descubrimiento, a su director de investigación. O el caso de Klara Dan von Neumann, quien desempeñó un papel esencial en la programación temprana de ordenadores y en la aplicación de métodos numéricos a problemas científicos complejos; escribió el código utilizado en la máquina MANIAC I, desarrollada por su marido, John von Neumann, participó en el diseño y programación de ENIAC y enseñó a programar a los científicos de aquella primera época, pero cuya labor pionera quedó eclipsada por su marido, sin duda un genio de la Física.

Otro ejemplo clásico, quizás menos conocido, es el de Marie-Anne Pierrette Paulze Lavoisier, figura fundamental en la revolución química del siglo XVIII. Paulze no solo tradujo obras científicas clave del inglés y del latín, sino que realizó ilustraciones experimentales precisas, participó en la interpretación de resultados y contribuyó a la difusión internacional de la nueva química. Tras la ejecución de Antoine Lavoisier, en mayo de 1794, fue ella quien recopiló, editó y publicó Mémoires de Chimie, con la ayuda de Armand Séguin, un colaborador de Antoine Lavoisier que aparece en los grabados de algunas experiencias.

Experimento de Lavoisier en 1789 para medir los efectos de la respiración humana, en el que su ayudante Armand Séguin hace de cobaya humana, mientras su esposa se representa a sí misma tomando notas (img. : dominio público).

Aunque las Mémoires se publicaron entre 1804 y 1805, una década después de la muerte de Lavoisier, en la autoría solo figura su nombre. La tarea editorial y científica de Paulze fue invisibilizada durante generaciones y la narrativa histórica presentó a Marie-Anne más como facilitadora doméstica que como cocreadora científica y técnica en la difusión de la nueva química.

Estos ejemplos no deben interpretarse únicamente como injusticias individuales, sino como síntomas de un sistema científico construido históricamente bajo normas de exclusión. Durante siglos, las mujeres tuvieron acceso limitado a universidades, academias y sociedades científicas; cuando lograban participar, su trabajo era frecuentemente considerado auxiliar o secundario. La autoría científica, entendida como reconocimiento público del descubrimiento, se vinculaba a posiciones institucionales de poder de las que las mujeres estaban excluidas.

La historiografía contemporánea ha comenzado a corregir esta narrativa, recuperando figuras olvidadas y revisando atribuciones tradicionales, pero la persistencia de desigualdades actuales demuestra que esta revisión es insuficiente. La falta de referentes femeninos visibles influye en las vocaciones científicas, en la percepción social del talento y en la autopercepción de las propias investigadoras.

 

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