El cerebro tiene dos orígenes embrionarios, que se integran en un órgano único

22 septiembre 2026
El cerebro adulto aparece anatómicamente como una estructura continua e integrada, pero esa continuidad no implica que todas sus partes deban poseer un origen celular único; de hecho, surge de trayectorias embrionarias diferenciadas (img.: iStock).

Un estudio reciente cuestiona el modelo clásico de que una única célula progenitora presente en las primeras etapas del desarrollo embrionario daba origen a todo el cerebro, y establece, por el contrario, que el cerebro surge a partir de dos poblaciones progenitoras neurales que aparecen muy tempranamente y que se encargan de diferentes regiones encefálicas. Sin embargo, el descubrimiento solo habla del desarrollo cerebral y no de cuestiones funcionales, por lo que el cerebro sigue siendo un órgano único, que resulta de procesos de desarrollo y evolución complejos.

Un titular bastante llamativo recorre los noticieros de todo el mundo: “El cerebro está compuesto por dos órganos separados”. ¿Se trata, pues, de “dos cerebros en uno”? Este sorprendente mensaje nos trae ecos de la vieja y denostada teoría del cerebro triúno (del inglés triune; trino o “tres en uno”), formulada por Paul D. MacLean en los años sesenta del pasado siglo, y alcanzó mucha popularidad entre psicólogos y educadores hasta que acabó sepultada por el peso de las evidencias en su contra.

En realidad, el estudio científico que alimenta este titular, dirigido por investigadores de Stanford Medecine y publicado el 18 de septiembre de 2026 en Nature Neuroscience, no habla de un cerebro con órganos separados y menos aún de dos cerebros, sino que propone un cambio importante en el modelo predominante sobre el desarrollo cerebral, que consideraba que una única célula progenitora presente en las primeras etapas del desarrollo embrionario daba origen a todo el cerebro y que, por tanto, todas sus regiones compartían un origen común. Los nuevos resultados indican que el cerebro humano no procede de un único progenitor neural, sino de dos, aunque el resultado final es el de un órgano único.

Se trata de una cuestión de desarrollo, no de dos cerebros funcionales

El estudio sostiene que el cerebro no procede, como se asumía tradicionalmente, de una única población neural capaz de originar todas sus regiones, sino de dos poblaciones progenitoras neurales que aparecen durante la gastrulación, una destinada a formar el prosencéfalo y el mesencéfalo (partes del cerebro anterior), y otra destinada al rombencéfalo o tronco encefálico (parte posterior).

La confusión surge, probablemente, de la nota de prensa emitida por Stanford Medecine, cuyo llamativo titular puede inducir a error: “Human brain is two separate organs, Stanford Medicine-led research finds”. Esta formulación periodística, no científica, debe ser matizada, porque lo que dice el artículo publicado en Nature Neuroscience no es que el cerebro esté formado por dos órganos separados, sino que se desarrolló a partir de dos trayectorias embrionarias diferenciadas, con el resultado final de un órgano único. Es decir, no es que el encéfalo adulto esté formado por dos órganos anatómicamente independientes, ni que existan dos cerebros funcionales separados, sino que la diferenciación se refiere a su origen, a partir de dos trayectorias embrionarias diferenciadas, desde etapas muy tempranas de su desarrollo.

Los investigadores proponen, pues, que el desarrollo cerebral comienza a partir de dos trayectorias paralelas que posteriormente quedan espacialmente integradas. En palabras de los autores, recogidas en la nota de prensa, la evolución habría conservado dos sistemas neurales ancestrales y los habría aproximado e integrado en el organismo. El artículo plantea que esta organización podría remontarse a unos 550 millones de años, pues encontraron indicios de la misma distinción entre componentes anterior y posterior en pollo, pez cebra y algunos hemicordados. Pero esta dimensión evolutiva debe interpretarse con prudencia. El estudio proporciona evidencia directa especialmente sólida mediante el trazado de linajes en ratón y experimentos con células pluripotentes humanas; pero eso no significa que el cerebro humano actual pueda dividirse literalmente en dos unidades evolutivas aisladas.

Algunas implicaciones

La investigación tiene mucha relevancia conceptual, porque cuestiona el modelo actual de desarrollo cerebral, pero también tiene consecuencias prácticas importantes para la investigación biomédica. Por ejemplo, una de las dificultades de la investigación con células madre ha sido obtener determinadas poblaciones neuronales del cerebro posterior. Según los autores, parte del problema podía proceder de intentar convertir progenitores “programados” para partes del cerebro anterior en células de la parte posterior del cerebro (rombencéfalo), una transformación que según el nuevo modelo no sería biológicamente adecuada. De hecho, gracias a que conocía mejor la ruta de desarrollo de la parte posterior del cerebro, el equipo consiguió generar a partir de células pluripotentes humanas neuronas motoras del rombencéfalo correspondientes a un tipo neuronal que había resultado especialmente difícil de obtener en cultivo. Las células generadas mostraron actividad eléctrica y características moleculares propias de neuronas del cerebro posterior.

Esta posibilidad de producir cultivos de neuronas de la parte posterior del cerebro humano abre nuevas vías para estudiar enfermedades que afectan a esas poblaciones celulares, como la atrofia muscular espinal (AME) o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). También puede resultar útil para estudiar circuitos implicados en funciones automáticas reguladas por la parte posterior del cerebro, como el latir del corazón, la respiración o la deglución. En todo caso, solo pretende ofrecer un nuevo modelo, sin aplicaciones prácticas en los pacientes.

¿Guarda alguna relación con la antigua teoría del cerebro triúno?

Claramente no. Como hemos indicado anteriormente, el estudio propone un cambio en el modelo evolutivo del cerebro, no en su organización funcional.

En la década de 1960 el médico estadounidense Paul D. MacLean propuso la teoría del cerebro triúno, que alcanzó cierto arraigo entre los profesionales de la psicología y la educación con la que trataba de explicar los procesos emocionales en sus diferentes niveles de complejidad. Su teoría establecía que el cerebro humano podía entenderse como la combinación de tres grandes sistemas evolucionados secuencialmente: el reptiliano, que comprende el tallo o tronco cerebral y regula los elementos básicos de supervivencia, como la homeostasis; el límbico, y relacionado con las emociones, y el neocórtex, relacionado con capacidades cognitivas superiores.

Esquema del modelo de Paul MacLean.

El modelo de MacLean ofrecía una metáfora intuitiva, y eso explica la persistencia del cerebro triúno en la psicología, la divulgación y, especialmente, en algunos discursos educativos: lo reptiliano representaría los impulsos básicos, lo límbico las emociones y el neocórtex la razón. Es una imagen pedagógicamente atractiva, pero que no se corresponde con una descripción neurobiológica. La evidencia científica ha demostrado que las funciones cognitivas, emocionales, motivacionales y ejecutivas dependen de redes distribuidas y dinámicamente interconectadas, no de tres estructuras separadas que se habrían incorporado secuencialmente. Precisamente una de las ideas rechazadas por la neurociencia evolutiva contemporánea es esta representación lineal de la evolución como una sucesión de capas nuevas colocadas encima de otras antiguas.

En todo caso, la investigación de Stanford Medecine no proporciona ninguna razón para desenterrar ese viejo esquema de MacLean. En ambos casos aparece la idea de que el cerebro actual es el resultado de la integración de componentes con una historia antigua, pero ahí se acaba la posible analogía entre los dos modelos.

La nueva investigación habla de dos linajes embrionarios, no de varios cerebros psicológicos o funcionales. El cerebro surge a partir de dos poblaciones progenitoras neurales paralelas que aparecen muy tempranamente y que se encargan de diferentes regiones encefálicas y debe entenderse como el resultado de procesos de desarrollo y evolución complejos, no como una suma de cerebros independientes especializados en emoción, instinto y razón.


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