Un ambicioso mapa de la corteza prefrontal muestra que la maduración cerebral se extiende hasta los 24 años

Un ambicioso atlas cerebral de la corteza prefrontal dorsolateral que busca redefinir el desarrollo cognitivo y el envejecimiento determina que la maduración no concluye en la infancia ni en la adolescencia, como se creía tradicionalmente, sino que se extiende a lo largo de toda la vida, con un hito a los 24 años.
El cerebro humano nunca llega a estabilizarse, sino que, por el contrario, experimenta profundos cambios desde las edades tempranas hasta la vejez, que van moldeando la cognición, el comportamiento y la vulnerabilidad a las enfermedades. El estudio de esos cambios dentro de las regiones cerebrales es fundamental para interpretar los procesos de maduración y de envejecimiento normal y su relación con los trastornos psiquiátricos y neurodegenerativos.
Entre las distintas regiones del cerebro humano destaca la corteza prefrontal dorsolateral por su papel central en la modulación de las funciones cognitivas superiores asociadas al aprendizaje, como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva, la planificación, la inhibición, el razonamiento abstracto y otras funciones ejecutivas.
La mayoría de los estudios sobre la corteza prefrontal humana se han centrado en rangos de edad restringidos o en cerebros afectados por enfermedades, lo que hace difícil distinguir las trayectorias normales de desarrollo y envejecimiento de los procesos patológicos. Ahora, una ambiciosa investigación internacional liderada por el consorcio PsychAD y publicada en la revista Nature (Yang et al., 2026) ha logrado trazar el mapa de la corteza prefrontal dorsolateral a lo largo de toda la vida humana, desde la infancia a la vejez, dado que la maduración de la corteza prefrontal dorsolateral no concluye en la infancia ni en la adolescencia, como se creía tradicionalmente, sino que se extiende a lo largo de la vida.
Para ello, los investigadores han creado un complejo atlas transcriptómico de núcleo único que permite analizar el ciclo vital de los estados celulares en la corteza prefrontal a partir del estudio de más de 1,3 millones de núcleos celulares procedentes de 284 donantes sin patología psiquiátrica o neurodegenerativa, con edades comprendidas entre la etapa fetal y los 97 años. Este inmenso volumen de datos, que forma parte del ambicioso proyecto de investigación BRAIN, iniciado bajo la administración Obama en Estados Unidos, permite asociar trayectorias celulares específicas con el riesgo genético de padecer diversos trastornos mentales y neurodegenerativos.
Este mapa, sin precedentes, ha permitido demostrar que la corteza prefrontal dorsolateral humana exhibe una trayectoria no lineal dividida en tres grandes fases a lo largo de la vida:
- Intensa remodelación dinámica en el desarrollo temprano.
- Estabilidad relativa en la edad adulta, a partir de los 24 años.
- Reactivación molecular selectiva en la edad adulta tardía.
Los autores también identificaron una ventana de resiliencia neuronal durante el desarrollo temprano, con un pico de máxima expresión defensiva alrededor de los 12 o 13 años. Cualquier alteración ambiental o genética sufrida antes de esa fase crítica podría dejar secuelas permanentes en la adultez.
Los protagonistas de todos estos cambios no son siempre los mismos. Mientras que durante la infancia y la adolescencia son las neuronas las que experimentan los mayores ajustes durante la formación y maduración de los circuitos, al alcanzar la vejez, el protagonismo de la actividad genética pasa a las células gliales -los astrocitos, la microglía y los oligodendrocitos-, que son células de soporte que protegen y alimentan a las neuronas. Estas células gliales incrementan la expresión de programas ligados a la respuesta inmune, el estrés celular y la reestructuración de los ritmos circadianos.
Algunas reacciones
Juan Lerma, profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Neurociencias CSIC-UMH y académico de la Real Academia de Ciencias, que no ha intervenido en la investigación, ha explicado a SMC que el atlas servirá para «confirmar fehacientemente que a los 24 años de edad existe un punto de inflexión a partir del cual la composición de la mayoría de las subclases neuronales y gliales permanece estable».
Según explica Lerma, estos datos «ponen de manifiesto hasta cuándo un individuo se puede considerar inmaduro y delinean las repercusiones que sistemas educativos deficientes, el acceso a redes sociales u otros sistemas alienantes como las drogas o el alcohol pueden tener en el desarrollo del cerebro».
«El trabajo cambia el foco desde el que contemplamos el envejecimiento cerebral», explica Marta Nieto, investigadora principal del grupo de Desarrollo de la Corteza Cerebral en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), y que tampoco participa en la investigación. Para la investigadora, «quizá para entender por qué las neuronas se vuelven vulnerables con la edad no debamos mirar únicamente a las propias neuronas, sino también a cómo envejecen las células que las alimentan, protegen y acompañan durante toda la vida».
Por su parte, Rafael Yuste, catedrático de la Universidad de Columbia y promotor de la iniciativa BRAIN, destaca el calado histórico de la técnica utilizada: «Mapear todos los tipos celulares del cerebro era el sueño de Cajal, y hacerlo en la corteza prefrontal humana es particularmente importante, ya que es la parte de nuestro cerebro donde se concentra el procesamiento de información cognitiva y mental».
El descubrimiento de estos puntos de inflexión moleculares abre la puerta al diseño de futuras intervenciones terapéuticas que permitan intervenir en el momento exacto para preservar la salud cognitiva a lo largo de toda la vida.
Referencia
- Yang, H., Clarence, T., Scott, M.R. et al. Lifespan single-cell transcriptomic atlas of the human prefrontal cortex. Nature 657, 1003–1015 (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-026-10271-7


