Es necesario despertar en el alumnado el sentido crítico y hacerlo consciente de su poder y responsabilidad para crear una sociedad más consecuente, equitativa y sostenible (img.: iStock).
“El consumo se ha convertido en un problema: en los cincuenta era eufórico, moderno, salías de la tradición. Hoy siento que es un problema. Mire el movimiento de los chalecos amarillos en Francia. La gente no llega a fin de mes. No es una liberación. En una sociedad de hiperconsumo hay muchos cargos nuevos, desde Netflix hasta el móvil. “La gente quiere vacaciones e ir al restaurante”, dicen los chalecos amarillos. Yo soy de familia muy modesta, en los cincuenta no iba a ningún restaurante y no sufría nada. La civilización de la ligereza nos ha dado el deseo y ha creado una contradicción permanente. El hiperconsumo ha penetrado en las conciencias. Pero para nada soy de los que diabolizan el consumo. Donde el consumismo se desarrolla la esperanza de vida crece, y el consumo da satisfacciones en su ligereza. Si no, la vida es siniestra. El problema grave es que los medios sean el fin. El consumo en nuestra sociedad ha ocupado demasiado lugar y hay individuos que viven para él. La aventura humana no puede reducirse a comprar marcas, uno espera otras cosas más que ser un consumidor. Es uno de los desafíos del siglo XXI, proponer a los jóvenes en las escuelas modelos de vida diferentes”. (Gilles Lipovetsky, filósofo, sociólogo y ensayista).
La revolución de los consumidores
Por un consumo más consciente y ético
En los últimos años, los consumidores hemos cambiado de mentalidad y nos hemos convertido en protagonistas de la transformación de empresas que están adaptando su modelo de producción a la demanda de productos más sostenibles. De hecho:
Es necesario despertar en el alumnado el sentido crítico con respecto a la publicidad y los estilos de producción de las empresas, y hacerlo consciente de su poder y responsabilidad para crear una sociedad más consecuente, equitativa y sostenible, a través de un consumo ético.