El alumnado con trastornos del desarrollo corre más riesgo de sufrir acoso escolar

Las personas con alguna condición del desarrollo que influya en su comportamiento, en su forma de hablar o de pensar pueden estar más expuestas al acoso escolar. Por ello, la prevención en las aulas es esencial para cuidar de su bienestar físico y emocional. Para concienciar y prevenir sobre la importancia de proteger el bienestar psicológico de los más vulnerables, se celebra cada 10 de octubre el Día Mundial de la salud mental.
Es bien conocido que los niños con algún diagnóstico de trastorno del neurodesarrollo tienen más probabilidades de sufrir acoso escolar. Un estudio publicado en 2022 en JAMA Pediatrics, ya exponía que estos niños tienen más probabilidades de sufrir acoso que sus compañeros neurotípicos, lo que podría predisponerlos a trastornos emocionales y conductuales en la edad adulta.
Según explica el psiquiatra e investigador Celso Arango, «el principal factor de riesgo para ser acosado es ser percibido como una persona distinta a las demás. Los niños que son diferentes por su color de piel, aspectos físicos u orientación sexual sufren estos efectos, pero -explica- los que más riesgo corren son aquellos que se distinguen por su forma de actuar o de pensar».
A juicio de Arango, cuando existen dificultades en el lenguaje o en la comunicación el riesgo es bastante elevado, y llega a ser aún mayor en el caso de determinados diagnósticos, como en los trastornos del espectro autista. En este sentido, el estudio «Exploring Potential Modifiers of the Association Between Neurodevelopmental Disorders and Risk of Bullying Exposure«, publicado en JAMA Pediatrics, concluye que los niños con trastornos del espectro autista y TDAH son los que tienen más mayor riesgo de sufrir acoso escolar. Además, la edad agrava el problema, de modo que entre los 12 y los 17 años la probabilidad de exposición al acoso aumenta con la edad, a diferencia de lo que ocurre con los menores neurotípicos.
El experto apunta que los niños con trastornos del desarrollo tienen entre seis y ocho veces más de probabilidades de ser acosados. «Esto se debe a que sus dificultades de interacción social son detectadas por los acosadores; quienes no solo ven que son distintos, sino que detectan que no se defenderán de sus ataques, lo que los convierte en una población vulnerable y en un motivo de preocupación», destaca Arango, miembro de la Real Academia Nacional de Medicina de España y de la Academia de Medicina de Estados Unidos.
«Existe una relación de doble camino entre el acoso escolar y los trastornos mentales», puntualiza Arango. «Tener alguna discapacidad intelectual, autismo, dislexia o TDAH aumenta el riesgo de ser acosado, pero a su vez, el bullying también aumenta el riesgo de sufrir un trastorno mental, un fenómeno que genera un círculo vicioso del que muchas ocasiones es difícil salir», apunta el experto.
Las redes sociales amplifican el riesgo de acoso escolar. «Lo que ha cambiado con las redes y el mundo virtual es que ahora no hay posibilidad de escaparse ni de esconderse; no hay espacios ni horas seguras para algunos», expone Arango. «Un adolescente puede ser acosado a las 4:00 de la mañana en su propia casa, y además queda una huella digital que se mantiene en el tiempo y se amplía a toda la comunidad y en todo el mundo», apunta.
La importancia de la prevención
La mayoría de estudios advierte que la prevención puede ser un factor indiscutible en la eliminación del acoso escolar. En el programa LINKlusive, un ensayo controlado realizado en escuelas de Madrid con la participación de unos 6500 estudiantes, se consiguieron resultados muy positivos, según apunta Arango.
En concreto, el experto señala que «entre los alumnos de Primaria con necesidades educativas específicas, la victimización disminuyó un 45,6 % en el grupo que recibió la intervención, frente a un 0 % en el grupo control». Por consiguiente, «la experiencia demuestra que estas intervenciones pueden ser factibles, aunque los resultados dependen de la edad y deben interpretarse con prudencia», añade.
Las principales acciones para reducir el acoso pasan por enseñar a los niños aspectos socioemocionales, para que sepan cuándo una persona lo está pasando mal, y aprendan a pedir ayuda y a desarrollar empatía. «Cuando enseñamos a los niños y a las niñas el daño que sufre el compañero acosado, la inmensa mayoría de las veces el acoso escolar desaparece», revela el experto.
«Mi advertencia es que la salud mental infantil y adolescente no puede abordarse solo cuando el joven llega a una consulta», insiste Arango. La escuela permite prevenir y conectar al alumno que lo necesita con los profesionales psicoeducativos y sanitarios. «El siguiente paso será ampliar esta colaboración y reforzar los equipos para intervenir cada vez antes», concluye.


