La caída de resultados del alumnado más favorecido solo era un espejismo

Una de las conclusiones más sorprendentes de PISA 2025 era que el rendimiento educativo del alumnado más favorecido caía más pronunciadamente que el del alumnado vulnerable, pero un nuevo análisis sostiene que la caída no es real, sino que se debe a un cambio significativo en la determinación del índice de estatus económico, social y cultural (ESCS). En realidad, la brecha socioeconómica sigue aumentando.
Más allá de los resultados en las materias evaluadas, los datos de PISA son una fuente inagotable de información para la mejora de los sistemas educativos. La identificación de patrones y posibles correlaciones entre parámetros, unida a su evolución a lo largo de las diferentes convocatorias, ofrece un diagnóstico bastante valioso para orientar las políticas educativas. Por eso podemos decir que el verdadero análisis de PISA, que en su última convocatoria ha recogido datos de 760 000 estudiantes, empieza después de conocerse los resultados de rendimiento académico.
Aunque hay correlaciones que persisten tozudamente, edición tras edición. Por ejemplo, la relación sólida y directa entre el nivel socioeconómico del alumnado y sus resultados académicos, un indicador que alerta de que la escuela no acaba de cumplir con su papel nivelador de las desigualdades de partida.
En la última edición (PISA 2025) se cumplió, una vez más, esta predicción inexorable: el alumnado socioeconómicamente favorecido obtuvo, en promedio en la OCDE, 85 puntos más en ciencias que el alumnado desfavorecido, 83 más en matemáticas y 77 en lectura, unas diferencias muy significativas, si tenemos en cuenta que, para la OCDE, 20 puntos equivalen a un año de escolarización. Sin embargo, se abrió una ventana de esperanza en términos de equidad: dentro de la caída generalizada de resultados, los datos mostraban que la caída de rendimiento del alumnado más favorecido era significativamente mayor que la del alumnado vulnerable. Es decir, por primera vez y contra todo pronóstico se estrechaba la brecha socioeconómica, aunque fuera por nivelación a la baja.
En este sentido, el Informe de Equidad Educativa (EsadeEcPol y Save the Children, 2026), que evalúa la brecha socioeconómica, sostiene que, en España, el cuartil más favorecido (Q4) pierde 33 puntos en lectura y el más desfavorecido (Q1), 15,1, de modo que la brecha se estrecha unos 18 puntos y el peso del origen social en los resultados pasa del 12,1 % al 8,3 %, lo que sitúa a España en el tercio de países más equitativos de la OCDE. Por otro lado, los resultados del alumnado más favorecido empeoran en casi toda la OCDE, a diferencia del alumnado vulnerable.
Pero este inesperado estrechamiento de la brecha socioeconómica he tenido un corto recorrido. Un análisis hecho público el 22 de septiembre, firmado por Lucia Cobreros, Marc Colomer, Eudald Correig-Fraga, Lucas Gortazar e Isaac Sayol, y publicado por Innovamat Research Lab y EsadeECPol, sostiene que la aparente reducción de la desigualdad socioeconómica no se debe a la caída de rendimiento del alumnado más favorecido sino, sobre todo, a un cambio en la forma de medir y clasificar el nivel socioeconómico del alumnado.
La OCDE utiliza como referencia para determinar el nivel socioeconómico el llamado índice de estatus económico, social y cultural, denominado ESCS en español o ISEC por las siglas en inglés. Este índice se compone, básicamente, de tres dimensiones: nivel educativo de los progenitores, situación ocupacional en la familia y bienes o recursos disponibles en el hogar.
Aunque solo se trate de una cuestión estadística, los datos apuntan que cuanto mayor sea el estatus socioeconómico mayor tiende a ser, en promedio, el rendimiento académico. Por ejemplo, una unidad adicional en el índice ESCS se asocia en PISA 2025 con 36 puntos más en ciencias, 35 en matemáticas y 32 en lectura, en el promedio de la OCDE. Estos datos estadísticos reflejan el conjunto de circunstancias que caracterizan las distintas posiciones sociales y familiares, pero no permiten afirmar que aumentar directamente el nivel socioeconómico de un alumno concreto produciría esos puntos adicionales.
El cambio metodológico introducido en PISA 2025
El problema con los resultados de PISA 2025 es que en este caso la OCDE ha modificado sustancialmente la manera de medir dos de sus tres componentes, la educación parental y, sobre todo, los recursos del hogar. Por tanto, los datos de PISA 2025 relacionados con el ESCS no son comparables con los de los ciclos precedentes, debido a los nuevos criterios y a los cambios introducidos en los cuestionarios de contexto.
Por ejemplo, en la edición de PISA 2022 la dimensión de recursos disponibles en el hogar incluía, además de diversos bienes materiales, un conjunto de ocho ítems relacionados con los libros presentes en el hogar: literatura clásica y contemporánea, libros científicos, técnicos, diccionarios, libros escolares, etc. Estos elementos guardaban una fuerte relación con el llamado capital cultural familiar, a su vez directamente conectado con el rendimiento académico. En la edición de 2025 desaparecieron estos ocho ítems y otros elementos, y se incorporaron nuevos indicadores, a elegir por cada país, entre una batería de bienes y condiciones materiales como tener piscina, sistema de seguridad, habitación de invitados, lavavajillas, aire acondicionado, televisión inteligente, trabajadores domésticos, suscripciones y un largo etcétera.
Es evidente que, de cara a su posible influencia en los resultados académicos, no es lo mismo tener muchos libros en casa que disponer de televisor inteligente con varias suscripciones a proveedores digitales. En 2022, disponer de muchos libros en el hogar contribuía considerablemente a situar a un alumno en el cuartil superior, y los estudiantes con este perfil presentaban, en promedio, un rendimiento elevado. Pero los elementos que ganan peso en 2025, como los televisores o las suscripciones, son mucho menos predictivos del rendimiento escolar. Como resultado, el cuartil superior de 2025 incorpora más estudiantes con determinados recursos materiales pero con resultados académicos inferiores a los de quienes formaban el cuartil superior en 2022.
La OCDE explica que el rediseño del ESCS pretendía mejorar la medición de los recursos familiares y construir indicadores más actualizados pero, obviamente, el nuevo índice ESCS no puede utilizarse para realizar comparaciones de tendencia con un índice anterior que medía otras cosas. Al cambiar los indicadores que determinan quién pertenece al 25 % superior del ISEC, cambia también la composición del alumnado clasificado como socioeconómicamente favorecido.
Los datos del estudio publicado por Innovamat Research Lab y EsadeECPol son reveladores. Los once ítems que desaparecen en 2025 presentan una correlación media con matemáticas de 0,201, frente a 0,052 para los nuevos ítems nacionales introducidos en 2025. Es decir, los ítems eliminados contienen información asociada al capital cultural y al aprendizaje que prácticamente no poseen los segundos.
Los autores del citado estudio han sustituido el índice ESCS publicado por un índice elaborado por ellos mismos que conserva las preguntas que siguen siendo comunes entre las distintas ediciones. Cuando el índice se reconstruye de manera comparable con las ediciones anteriores, la supuesta reducción de la brecha socioeconómica deja de ser relevante. En el promedio de los sistemas analizados pasa de −11,2 a +1,6 puntos en matemáticas, de −12,7 a +2,0 en ciencias y de −16,9 a −2,3 en lectura. En el caso de España, la reducción publicada de 13,7 puntos en matemáticas desaparece.
Por tanto, una parte importante de la aparente caída del rendimiento del alumnado más favorecido era simplemente un efecto del cambio de composición del ESCS. Por ejemplo, la sustitución de indicadores de capital cultural como los distintos tipos de libros por bienes y condiciones materiales mucho menos relacionados con el rendimiento, altera la composición de los cuartiles socioeconómicos. De modo que no podemos asegurar que hayan empeorado los estudiantes que en 2022 eran los socioeconómicamente más aventajados, sino que en 2025 se ha redefinido quién pertenece a ese grupo.
Referencias
- Lucia Cobreros, Marc Colomer, Eudald Correig-Fraga, Lucas Gortazar e Isaac Sayol. Explaining the learning decline in PISA 2025 by socioeconomic quartiles through methodological changes. Working paper · Last version: September 22, 2026. Disponible en este enlace.
- Lucía Cobreros, Lucas Gortazar, Mar Gairal y Carmela del Moral (2026). Todo lo que debes saber de PISA 2025 sobre equidad. La equidad educativa en España y sus comunidades autónomas. Madrid: Esade. Disponible en este enlace.


