El ser humano es un ser frágil que en momentos como el actual, de catástrofe mundial, se da cuenta de que necesita a los demás. Y al darse cuenta de que necesita a los demás, reconoce su fragilidad y reconoce, sobre todo, su interdependencia. Yo creo que la lógica individualista debería sustituirse por una relacional. No somos seres individualistas, somos seres relacionales, necesitamos a los demás en distintos momentos de nuestra vida, no podemos vivir sin los demás y, por tanto, nos debemos también a ellos. Esa debería ser la base de un cambio de paradigma. El cuidado también tiene que ser un objetivo político para introducir mayor bienestar en la sociedad, para hacer ver que una “sociedad cuidadora”, como se empieza a decir, es algo absolutamente fundamental en estos tiempos. Del reconocimiento del valor del cuidado como un valor no solo privado, sino también público, se derivan una serie de deberes. ¿Quién tiene que hacerse responsable de esa necesidad de cuidados? Esa es una pregunta ética. Y la respuesta es “todos”: las instituciones públicas, pero también los individuos, y no solo las mujeres, sino todos. Tiene que haber un reparto de responsabilidad en la dación de cuidados, en la dispensa de cuidados. El cuidado no es solo un deber ético, sino también un deber democrático. (Victoria Camps, catedrática emérita de Filosofía Moral y Política y autora de Tiempo de cuidados).
Del individualismo a la red de cuidados mutuos
La ética del cuidado como paradigma social
Cuidarnos a nosotros mismos, cuidar de los demás, cuidar del resto de los seres vivos y cuidar del entorno son actitudes clave para asumir, de manera positiva, los siguientes casos: