Es necesario educar a niños y jóvenes para un mundo global, con el fin de que se vean como partícipes y actores en comunidades ocales y globales de creciente complejidad e interdependencia (img.: iStock).
Y debemos ayudarlos a tener la capacidad, la eficacia y la disposición de contribuir en cada una de estas esferas. El estudiante debe poder comprender su contexto local, tenerle aprecio, y también la capacidad de participar en él, tanto cívica como económicamente. Pero también debe entender que este contexto local está inserto en otros contextos —el regional, el nacional, el global— y debe poder participar en ellos. El desarrollo de estas distintas esferas de identidad es complementario: es decir, nadie pierde su sentido de identidad local con saberse también miembro de una comunidad nacional, o de una comunidad global. En la práctica, hacer esto significa abrir las puertas y las ventanas de la escuela al mundo, permitir a los estudiantes comprender que el sentido de la educación no es autorreferente, sino que está relacionado con conocer, comprender y poder transformar ese mundo.
Fernando Reimers, director de la “Global Education Innovation Initiative” en la Universidad de Harvard.
Del entorno cercano al contexto mundial
Transformar lo global desde lo local
Al proponer al alumnado participar en la transformación social, aunque adoptemos una perspectiva global, debemos plantear acciones accesibles. Para ello es importante lo siguiente: