Irrupción de la IA generativa en la educación: ¿todavía necesitamos pensar?

“¿Todavía necesitamos pensar?” es el provocador titular de la portada del último número del Correo de la UNESCO, correspondiente a abril-junio de 2026. La revista recoge algunos artículos críticos junto con casos de uso en varios sistemas educativos. El mensaje clave podría ser que aprender y pensar siguen siendo tareas constitutivas del desarrollo humano y no funciones que puedan delegarse en una máquina.
La llegada de la IA generativa a las aulas ha alterado algunas convicciones muy arraigadas sobre el aprendizaje, la transmisión del conocimiento e incluso sobre la singularidad de la mente humana y, por ello, el editorial de la revista, firmado por Agnès Bardon, insiste en la importancia de decidir qué papel debe asignarse a esta tecnología en las sociedades del conocimiento:
- “En un mundo saturado de datos, la verdadera competencia consiste más que nunca en la facultad de comprender, analizar, seleccionar y otorgar sentido. Sin esta capacidad, ¿cómo podrían preservarse los fundamentos de la autonomía individual, el libre albedrío y, de esta forma, la libertad? ¿Cómo podríamos gestionar nuestra dependencia de la tecnología si la utilizamos como sustituto de nuestras facultades creadoras o intelectuales?”
Bardon, como vemos, desplaza el foco desde la mera producción de respuestas hacia la construcción de sentido y nos recuerda que, sin esta competencia, se debilitan la autonomía individual y el libre albedrío, y se incrementa la dependencia tecnológica. Por tanto, desarrollar la curiosidad, la sociabilidad y el pensamiento crítico siguen siendo tareas constitutivas del desarrollo humano y no funciones que puedan delegarse a una máquina.
En este sentido, resulta especialmente significativo el artículo de Wayne Holmes, “¿Podemos seguir aprendiendo en armonía con la IA?”, que plantea la cuestión del lugar que conserva el pensamiento humano en educación cuando una herramienta generativa parece capaz de escribir y resolver con verosimilitud, y recuerda los recelos históricos ante tecnologías anteriores -la escritura, los libros o internet- para subrayar que la educación no ha sido anulada por esas innovaciones, aunque sí transformada por ellas.
La educación no se reduce al aprendizaje
El argumento de Holmes descansa en una tesis filosófica tomada de Gert Biesta. Frente a la idea de que educar equivale simplemente a adquirir información o destrezas, Biesta sostiene que cumple tres funciones parcialmente solapadas:
- Cualificación: solo es una de las funciones de la educación, relacionada con el aprendizaje, o sea, de la adquisición de conocimientos, competencias y capacidades.
- Socialización: es el proceso mediante el cual hallamos nuestro lugar en los grupos sociales, culturales y políticos específicos.
- Subjetivación: es la manera en que llegamos a ser personas capaces de pensar con independencia y asumir la responsabilidad de nuestra propia vida.
La IA, por poderosa que sea, solo puede incidir en la primera función, que es solo una parte del proceso educativo. Por ello, Holmes concluye que “en la medida en que la IA rara vez -por no decir ninguna-, aborda las funciones de socialización y subjetivación, parece evidente que la educación sigue siendo absolutamente necesaria”.
De manera que el problema no es tanto técnico -cómo usar una herramienta- sino ideológico o político: qué entendemos por aprender, por formar criterio y por desarrollar autonomía intelectual. En esa línea, Holmes insiste en que los sistemas de IA no aportan nada sobre aquello que convierte al alumnado en sujetos responsables y no meramente informados. Por tanto, defiende la educación como práctica humana irreductible, precisamente porque su propósito excede la acumulación de datos o la producción de tareas acabadas.
¿Qué evidencias educativas sustentan la IA en la escuela?
Se aprecia un entusiasmo institucional evidente ante la IA educativa, aunque no haya muchos estudios objetivos que la respalden. Holmes menciona informes recientes de la OCDE o del Banco Mundial que prometen liberación de tareas rutinarias para el profesorado, personalización del aprendizaje y mejor preparación para futuros inciertos. Pero la evidencia empírica es débil. El artículo cita un estudio en Türkiye de 2026 donde ChatGPT mejoró el rendimiento solo mientras estaba disponible pero que, al retirarlo, el alumnado rindió peor que quienes nunca lo habían usado. Y otro estudio del MIT que en 2025 utilizó un aparato de electroencefalografía para registrar la actividad cerebral de los participantes, y constató que quienes usaron la IA generativa obtuvieron resultados inferiores a los de sus homólogos del grupo que no tenía acceso a esa tecnología. La conclusión fue que el uso de la IA podría generar lo que llamaron “atrofia cognitiva”, asociada a una disminución de la memoria a largo plazo y un debilitamiento de la capacidad de aprendizaje.
Holmes recuerda que, aunque los modelos generativos produzcan textos verosímiles y, a primera vista, convincentes, están atravesados por sesgos y errores debido a que se construyen con datos extraídos de internet, con sus propios sesgos, y no poseen comprensión de la verdad. Por ello, Holmes pide enseñas al alumnado a ver estos resultados como lo que son, y a no confundir una forma lingüística convincente con verdadera fiabilidad cognitiva. De modo que la prioridad sería aprender a interrogar críticamente lo que la IA nos devuelve.
Algunos casos de uso
A pesar de la escasez de datos positivos, algunos sistemas educativos han empezado a dar pasos significativos en la implementación de la IA. El Correo de la UNESCO destaca ejemplos muy diferentes:
En Emiratos Árabes Unidos, la IA se ha convertido en asignatura obligatoria en la escuela pública, desde infantil hasta el final de la secundaria; además, algunos centros la utilizan con un sistema de “semáforo” que distingue entre trabajo sin IA, herramientas guiadas por el docente y exploración supervisada, mientras el currículo aborda conceptos como datos, algoritmos, diseño de sistemas, ética y aplicaciones reales.
En China, el proyecto Hongyan AI, desarrollado en la provincia rural de Guizhou, funciona como un tutor digital que no proporciona respuestas inmediatas, sino que orienta al alumnado mediante preguntas y sugerencias para favorecer el razonamiento autónomo, al tiempo que amplía el apoyo docente en escuelas con escasez de profesorado. En el país hay muchas otras implementaciones de la IA educativa, sobre cuyo impacto cognitivo real surgen dudas, según las conclusiones de una investigación reciente basada en el seguimiento de 26.811 alumnos de secundaria a lo largo de 30 meses .
En India, la IA aparece sobre todo como herramienta de apoyo a las familias. Ayuda a seguir el desarrollo infantil, a elaborar cuentos personalizados o a responder dudas sobre la crianza. El riesgo reside en los sesgos culturales, por lo que el juicio humano sigue siendo imprescindible en las decisiones importantes.
Además, la revista incorpora la experiencia de Argentina, donde el profesorado mantiene una posición dividida ante la IA generativa. Una parte del profesorado opta por restringir su uso para evitar el plagio y la pérdida de pensamiento crítico, mientras que otra prefiere integrarla de forma abierta mediante evaluaciones orales y actividades que obliguen al alumnado a justificar cómo y por qué ha utilizado la IA. En ambos casos se detecta una amplia demanda de formación específica para el profesorado.
Referencia
- Correo de la UNESCO (2026) N.º 2, abril-junio. Disponible en este enlace.


